sábado, 2 de mayo de 2009

"El espejo de la luna" (Relato breve)


Dos adolescentes caminaban el uno junto al otro por la noche de Zaragoza. Era una noche fría de invierno, de esas en las que la luz naranja de según que farolas se difumina en una neblina formada por el vapor de miles de pensamientos que mueren encarcelados. Frases e ideas condenadas a cadena perpétua destrozando sueños por no lastimar el corazón. Frankie caminaba junto al primer amor de su vida y Maggie se dejaba acompañar por aquéllo de que los chicos malos de su barrio no la persigan hasta su portal. Persecución hipotética que él utilizaba como excusa barata para acompañarla cada noche a su casa. Para llegar al portal tenían que atravesar una pasarela desde la que se ven las luces de la ciudad en la lejanía como si se apartara de ellos para dejarles en la intimidad. Esa noche Frankie quería decirle algo diferente, bonito, especial que convenciera a Maggie para estar a su lado y la enamorara por siempre pero no tenía claro cómo hacerlo. Él estaba muy nervioso y no acertaba a nada. Entonces reparó ante el paisaje y descubrió que la luz que más iluminaba no estaba en la lejanía de la ciudad sino en la cercanía del cielo, en la luna. Frank se detuvo y cogió por la cintura a Maggie deteniéndola en mitad de la pasarela.

- "Mira, Maggie, observa la luna"
- "Ya la veo"
- "¿Sabes lo preciosa que estás esta noche?"
- "Ya empezamos... para, por favor, no digas esas cosas..."
- "¿Tienes idea de cuántos millones de años lleva ahí arriba la luna?", siguió preguntando Frank
- "Muchos ...", respondió Maggie
- "Pues nunca ha estado tan bonita como esta noche, nunca ha estado tan bella como en tus pupilas", dijo Frank sin dejar de mirarla a los ojos.
-"Mmmmm... ¡alaaaaaaa, ya te has pasadoooo!", exclamó Maggie intentando disimular que le encantaba lo que escuchaba...
- "En serio...¿quieres salir conmigo?... si me respondes con un "sí" te juro que nuestro amor durará tanto tiempo como el que permanezca el brillo de la luna en tus ojos", sentenció Frank.


Maggie se puso muy seria. Un instante después, cerró los ojos. La luna se apagó.

Esa noche Frank caminó de vuelta a casa cn el corazón arrugado mientras pensaba:

"Si es cierto que lo más bonito del sol es el brillo de la luna, del mismo modo, lo más bonito del brillo de la luna son las pupìlas de Maggie. La luna es el espejo del sol pero la luna no sería nada sin los espejos de su mirada".

7 comentarios:

Jara dijo...

Qué bonito... :)

Amaya dijo...

He pasado esta tarde por una pasarela, quizá fuera esa, quizá no y, me he puesto a pensar en la escena que has retratado y, aúnque me faltaba algo indispensable que aún estaba por llegar, una de las protagonistas, la luna, el resultado ha sido... ¡de cine!

Dana Andrews dijo...

Gracias Jara... ya me gustaría que el resultado fuera de cine, amaya... pero en blanco y negro, por favor.

yonamoe dijo...

Excelente final, excelente "no".
Tiene valor que comente los textos en tu blog y no en la biblioteca... xDD
Un saludo, y sigue así.

Dana Andrews dijo...

Las dos cosas tienen mucho valor. En cualquier caso, muchas gracias por los ánimos

Vivian dijo...

Precioso, de verdad, por un momento he podido verlos a los dos, uno frente a otro, iluminados por la Luna… Ayyyy, la Luna, eterna compañera de los corazones rotos…
Me gustó pasar por aquí y poder leer un relato, me gusta como escribes.

Un beso

39escalones dijo...

Muy cinematográfico. A saber en qué ojos buscará ella la luz de la luna...
Un abrazo.