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martes, 17 de mayo de 2011

Midnight in Paris (Woody Allen. 2011)

Cartel de "Midnight in Paris"
¿Cuántas veces hemos deseado haber nacido en una época anterior? ¿En cuántas ocasiones hemos soñado con vivir durante unos años determinados, en los que se dieron ciertas circunstancias con las que nos identificamos mucho mejor que con nuestro presente? Midnight in Paris es un sueño creado para todos aquellos que se creen perdidos en una época que no les corresponde. Todo tiempo pasado fue mejor o quizás esto solo es lo que nosotros creemos y añoramos, una idealización desde nuestas vidas vacías, carentes de cualquier motivación. Pero esta última película de Woody Allen también es una comedia romántica, una declaración de amor hacia una ciudad y sobretodo, un establecimiento donde se vende nostalgia.
Gil (Owen Wilson) y Ines (Rachel McAdams)
 Gil (Owen Wilson) es un escritor que trabaja, como él mismo comenta, en una cadena de montaje de guiones para Hollywood. Pero su sueño es terminar su novela inconclusa y vivir en Paris, añorando la Edad de Oro en los años veinte. Escucha a Cole Porter, añora la bohemia y sostiene que la vida era mucho más atractiva en aquellos años del Charleston que en el siglo XXI. En cuanto a su vida sentimental, está comprometido con Ines (Rachel McAdams) una mujer que no satisface sus verdaderos deseos ni comprende sus raros sueños de un hombre trasnochado que quisiera haber nacido en otra época. Ines, por supuesto, tampoco comparte su loca y bohemia idea de vivir en Paris y prefiere, por el contrario, pasar su vida en Malibu. La pareja se encuentra pasando unos días en la capital francesa con los padres de ella. Mientras Gil intenta perderse por las calles lluviosas de Paris para buscar la inspiración, Ines prefiere ir de fiesta a los locales más chic de la actualidad con una pareja de amigos comunes. Es entonces, mientras Gil está perdido por algún lugar cercano a Montmartre y suenan las campanadas de la medianoche en Sacre Coeur, cuando llegan varias personas en un viejo coche de los años veinte para llevarle a una fiesta. Entonces se produce el milagro, el sueño o lo que el espectador quiera creer. De repente Gil está en mitad de una fiesta de los años veinte, junto a Cole Porter, Zelda (Alison Pill) y Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston). Pero esto es solo el principio, pues los Fitzgerald le llevarán a conocer a Ernest Hemingway (Corey Stolle) con quien mantendrá una interesantísima conversación sobre el amor. Hemingway pregunta a Gil sobre su angustia de vivir, sobre el temor a morir, para concluir que ese temor es algo que le ocurre a todo el mundo y que solo se puede olvidar mientras haces el amor con una buena mujer. En el amor está la inmortalidad. Ya por esta conversación mantenida dentro del coche merece la pena acudir a ver esta película.  Posteriormente también conoce a Pablo Picasso y a su amante Adriana (Marion Cottilard) que robará el corazón de Gil nada más conocerle. Adriana, que también fue amante de Modigliani, le llevará de la mano a conocer mejor Paris en los años veinte, y de paso, a Salvador Dalí (absolutamente genial la actuación de Adrien Brody)  y también a Buñuel y Man Ray. Adriana es una mujer de Bordeaux que ha llegado a Paris para estudiar moda con Coco Chanel pero ella también añora otra época, la Belle Epoque. Es entonces cuando somos testigos de otro salto temporal para conocer también a Toulouse Lautrec y Paul Gaugin. La conclusión a la que llega Gil es que nadie está contento con la época en la que vive y tendemos a idealizar el pasado al no estar a gusto con nuestro presente.
Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston), Gil (Owen Wilson) y Zelda Fitzgerald (Alison Pill)
Desde el apabullante comienzo a ritmo de jazz con unos planos enamorados de todas las luces de Paris, los paseos por Monmartre y esa ironía típica de Allen, recomiendo vivamente el visionado de esta película que tenemos actualmente en cartelera y también, si puede ser antes, el texto que sobre ella escribió Francisco Machuca.
Gil y Adriana (Marion Cottillard)


lunes, 29 de noviembre de 2010

Rififi chez les hommes (Jules Dassin. 1955)



Esta película conocida simplemente como "Rififi  representa un estupendo ejemplo del puro cine noir francés. Dirigida en 1955 por Jules Dassin (quien también goza de un papel como actor en la película) obtuvo con ella el premio al mejor director en Cannes, el premio Méliès a la mejor película y un premio especial en el año 2000 por el Círculo de Críticos de cine de Nueva York. Tony "Le Stéphanois" (Jean Servais) acaba de salir de la prisión en la que estuvo encerrado cinco años por un sonado robo. Una vez libre, parece que en su vida todo ha terminado y se dedica a las timbas nocturnas de póker en las que pierde el dinero que no tiene. Tony intenta alejarse de la senda que le llevó al delito pero su amigo Jo le Suédois (Carl Möhner) le comenta que está esperando a Mario Ferrati (Robert Manuel) para tratar un asunto de vital importancia: el atraco a la joyería más lujosa de Paris. En un primer momento Tony desecha la oferta de Mario y su amigo Jo decidiendo no tomar parte en el asunto. Acto seguido consigue dar con su antigua novia, Mado (Marie Sauboret), que trabaja en un cabaret pero, cuando descubre que le ha engañado con el peor gángster de la ciudad, Pierre Grutter (Marcel Lupovici), Tony ve que lo poco que tenía en este mundo desapareció al pasar cinco años encarcelado. En consecuencia, totalmente derrotado, Tony acepta trabajar en el atraco de la joyería junto a Mario y su amigo Jo. Para el complicado trabajo la banda echa mano de Cesar le Milanais (el propio Jules Dassin), un experto en abrir cajas fuertes y conquistar mujeres fatales. 


Formada ya la banda, la trama se va enredando, tiñéndose de un negro cada vez más oscuro, sobretodo, después de haber conseguido hacerse con el botín de la joyería. A partir de ese momento comienzan las consecuentes complicaciones. Todo esta historia con Paris como telón de fondo y con una banda sonora de un jazz espectacular compuesta por Georges Auric, crea un ambiente estupendo de puro noir que nada tiene que envidiar a las mejores películas norteamericanas, más bien éstas aprenden de ellas. Jean Servais en el papel de Tony es el gran protagonista de esta historia y desarrolla un papel enorme, conmovedor, erigiéndose al final de la historia como un auténtico héroe cuando realmente había empezado como villano.



Kinezoe, en su blog, nos reseña otra película anterior a esta de Jules Dassin: "Noche en la ciudad"

viernes, 24 de septiembre de 2010

Canción de amor sin destinatario escrito. Hoy, recital en el Divino Amore.

Este día que comienza oscuro, nublado por tu lejanía
he de escribirte una canción de amor
sin decir tu nombre, a la sombra del verso
He de definir tu mirada
el brillo de tus ojos al llegar el anochecer
cuando las sombras crecen hasta estremecer

La hora en que todo el planeta duerme
tú eres el faro guía de navíos perdidos
Es así como yo acabé prendido de ti
por el viejo río de incontables puentes
Es difícil acariciar tu noche bronceada, luz del mundo,
ahora que estás a kilómetros de mí
y no te puedo tocar, sentir la suavidad de tu piel
o la caricia de tus besos
cuando sólo estoy soñando

Es un imposible la musicalidad de tu voz
cuando tu eco es ahogado y callado
por fronteras insalvables y cúspides rocosas
en las que rebota el mensaje
de tu triste acordeón

Pero si hay algo que me une a ti soy yo mismo
pues, cuando te visité por última vez,
algo de mí quedó para siempre en las sombras de tus calles
en lo más profundo del bosque
o en ese punto álgido de tu orografía
Tú eres la mancha carmín en aquel último Café
y yo soy cada uno de los faroles de gas
que apuran su llama hasta el amanecer

Déjame entonces escuchar el primer latido del gran campanario
bajo el que podría volverte a encontrar
Déjame soñar porque el ser humano
siempre necesita algo en que creer
y un náufrago, una roca que agarrar


Dedicado a Paris

En el blog de Amaya pueden observar unas maravillosas fotografías del Alcázar de Segovia y leer unos versos que tuve el honor de dedicarle a ese maravilloso paraje.

Por cierto, hoy a las 22:00 horas Oscar Bibrián, Elisa Berna y un servidor os esperamos en el "Divino amore" (Pza. Carmen, 9) en la segunda sesión del "I Recital de poetas jóvenes". Nos vemos.

AÑADIDO NECESARIO
En mi paseo bloggero de este mediodía, buscando lugares donde resucitar un otoño que nos ha cogido casi por sorpresa me he encontrado con esta joya de la bloggera que se hace llamar "Abril en Paris". No hay mejor forma de dar la bienvenida al otoño que siendo arqueólogos de la buena música eterna que no conoce el paso del tiempo. Aquí podemos escuchar la canción "Autumn leaves" por el saxo de Stan Getz y después por la incomparable voz de Eva Cassidy trsitemente desaparecida a los 33 años de edad en 1996.

jueves, 15 de julio de 2010

Recuerdos de Paris...


De la luz a Montmartre

"Como una rata que huye del río negro
de las llamas, de la luz, de la ciudad incendiada
allí donde no llegan los destellos de Eiffel
y la lluvia se derrama susurrante y gris
en un Café llamado “La Antiquaire”
comencé unos versos para ti

Como un clochard al que no afecta su bebida
de los coches, de los puentes, de los grandes bulevares
allí donde no llega el oro de Concordia
de charcos de agua potable, de cenizas, de las brasas
bajo la cúpula de Sacré Coeur
huí de los versos sin sentir

Montmartre sigue guardando toda su magia
Puede que la vendimia sea mejor este año
Puede que la ciudad escuche el eco de los artistas
Allí donde reluce la última ascua de la noche
allí donde callan los rumores del incendio
hablan las voces que viven en el pasado

Pero ya queda lejano desde este rincón
el rebelde animal que habita bajo el asfalto
ya se pierde en la niebla, ya no grita bajo mis pies
Aquí no llega la vigilante mirada
de esa quimera amenazante y envidiosa
que desde la cúspide de la catedral
sueña con arrebatarnos nuestras propias quimeras
Aquí sólo muere el mal, muere el bien y renace todo

Hay un hombre que duerme en las aceras
justo frente al Café más lujoso de la ciudad
pero nadie le hace caso
Puede que nunca encuentre otra oportunidad
puede que su error fuera acercarse demasiado a la luz

Mientras aquí, los hijos del infortunio
poetas que tiran versos a la basura
pintores que nunca han vendido un cuadro
brindan con el vino que nunca podrán pagar
Por esa canción que resuena en las alcantarillas
por esos versos que soñaron con Le fígaro
por los trazos que una vez se imaginaron en el Louvre
por todo lo que se borra en las edades
de este asfalto, de estas calles antiguas
La ciudad crepita lejana junto al pájaro en llamas
sobrevolando bajo las viejas criptas
soñando con la gárgola monstruo
que intenta canalizar toda una vida

Y, al fin, ya es medianoche, ya termina el metro
Me lo dijo un borracho:
‘A las doce se acaban las estaciones que asaltar’
Siempre nos quedará un pasado más glorioso
el del último cigarrillo que no se llegó a prender

He huido y la ciudad queda atrás
Es un lejano resuello agonizante que se abrasa
que a penas se percibe desde esta plaza
Mi mundo es una gran cúpula blanca
de noche encerrada, de soñadas esperanzas
talladas con ese imaginario cincel
pincel que dibuja lluvia y pide otro pastisse
en un Café llamado “La bella Aurora”
donde comencé estos versos para ti."


Pues con este poema, amigos, celebro mi cumpleaños número veinti-todos. Si pudiera realizar un deseo sería volver a perderme por las calles de Paris. Un día me perdí y creo que por inercia acabé en ese río tan grande que tienen allí. Alguien me pilló con cara de ¿Pero qué hago yo aquí?:

Pero, siguiendo el mapa una vez más, no me pregunten cómo pero acabe en este otro lugar:

y ¿qué buscaba yo por el Moulin Rouge?. Pues... nada de lo que piensan. Buscaba una actuación de Ella Fitzgerald pero llegaba con décadas de retraso. Tampoco me apetecía seguir caminando por el Boulevard Clichy, así que bajé hasta Place Pigalle y volví a coger el metro. Pues nada, amigos, el que me vea por la calle hoy será invitado a un martini por mi cumple. Al que no lo vea... que se tome uno a mi salud y ya arreglaremos cuentas.

viernes, 9 de julio de 2010

La sonrisa que se esfumó (Relato breve)

La madrugada se extendía larga e interminable. La luz del neón que anunciaba con su vulgar zumbido “The white horse” volvió a apagarse a la hora que empiezan a desvanecerse las estrellas y Andrés se volvió a ocultar detrás de los coches, esperando que saliera su novia. Andrés tenía que ocultarse todas las noches, pues al jefe no le gustaba que su mejor chica hiciera horas extras gratis, fuera del trabajo. Pero esa madrugada parecía no querer convertirse en día, algo diferente flotaba en el ambiente. En efecto, su chica salió con el semblante triste y cansado de todos los días. Cuando hubo caminado una distancia prudente, apartada del club, Andrés salió a su encuentro. Pero esta vez el encuentro fue diferente. La chica miró fijamente a Andrés y dijo que esa era la última noche; alegó que se sentía fatal por hacerle pasar al hombre que más quería estas calamidades y que, por otra parte, nunca podría dejar ese trabajo. Así, el destino obligó a Andrés a dejar atrás un amargo pasado y a escapar de su ciudad natal lo más lejos posible.

Nuestro amigo Andrés se encaminó a una ciudad lejana y gris con la idea de buscar una nueva aventura pero, al llegar, la aventura le encontró a él. Fue una pesada tarde de julio en la que nuestro amigo, cansado de caminar, hizo una parada en una grande y vieja casa. Al entrar en ella contempló con admiración todos sus lujos, sus luces, su magnitud y sintió mucho miedo por creer que no estaba a la altura de todo aquello. Pero justo cuando estaba a punto de abandonarla le ocurrió algo que ni siquiera hubiera podido soñar. Entre la muchedumbre divisó a una mujer tan especial que creyó no haber visto nunca nada igual. Su mirada parecía encerrar muchos de aquellos sueños que la vida le había obligado a abandonar y su sonrisa era tan breve que, tras unos segundos de contemplarla, parecía esfumarse por completo de su rostro sin haber dejado huella en él. Andrés se enamoró por completo pues, si la sonrisa no había dejado huella en el rostro de la mujer sí lo había hecho en su corazón. Decidió aguardar a que la muchedumbre se fuera dispersando para poder presentarse a aquella chica que, por otro lado, parecía la más famosa del lugar. Al final, cuando la casa estaba a punto de cerrar, se pudo acercar a ella pero lo único que pudo hacer al contemplarla de cerca fue pedirle que nunca dejara de sonreír. Andrés se sintió fatal por no ser el primero en haberla visitado aquél día. Él quería ser el primero y no aguardar a que el local cerrara para poder verla a solas. La experiencia de su pasado le sugería que ese no era un bonito plan. Así que nuestro enamorado decidió dormir en los jardines de la casa para, la mañana siguiente, ser el primero en visitar a su musa. El frío nocturno de julio no existía pero sí el pegajoso calor que el gran río desprendía en la madrugada. Una vez renacido el sol, las piedras de la ciudad cobraron vida y las quimeras parecían hacerse realidad. Poco a poco se comenzó a observar movimiento dentro de la casa. Mirando hacia la habitación de la muchacha vio cómo se encendía la primera luz de la mañana. Pronto abrieron las puertas y él fue el primero, al fin, en entrar a su alcoba. A partir de entonces siguió haciendo lo mismo noche tras noche, tras noche, tras noche… hasta que al final comprendió que aquella sonrisa seguía esfumándose siempre del rostro de la mujer, por mucho amor que él le diera. El tiempo pasó y la resaca duró años. Hoy Andrés sólo recuerda que aquella musa de sonrisa esfumada se llamaba Gioconda.



A continuación, la quimera más famosa de Notre Dame, la estirga:

Muchos las llaman gárgolas. Realmente las gárgolas son los salientes que, a ambos lados de las fachadas, están destinados a evacuar agua. Normalmente éstas también adquieren formas monstruosas. Las quimeras son simplemente esculturas de seres fantásticos que, por ejemplo, en Notre Dame adornan las partes más altas del edificio, las torres. La galería de quimeras de Notre Dame está diseñada por Viollet-le-Duc. La estirga parece contemplar maravillada los cambios que afectan a la ciudad a lo largo de los siglos.

domingo, 4 de julio de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "Ninette y un señor de Murcia" (Fernando Fernán Gómez. 1965)


Pues sí amigos, ya casi había olvidado el infierno de julio en Zaragoza pero hoy ha caído sobre mí como una plancha de plomo ardiendo en un día extremadamente caluroso. El calor de Paris que he podido conocer estos días, a pesar de ser intenso, no es comparable al zaragozano y además la temperatura descendía notablemente al atardecer, cuando el cielo parisino solía nublarse. Una de las madrugadas que pasé en esa inmensa ciudad hubo una tormenta muy fuerte lo que provocó que el ambiente se refrescara al día siguiente y la estancia en Paris fuera en definitiva muy agradable en lo que al clima se refiere. Por lo demás, aún estoy con la resaca por la cantidad de maravillas que mis ojos han visto y que contaré poco a poco. De momento me parece muy apropiado, para la vuelta al mundo virtual, hablar de "Ninette y un señor de Murcia", película en la que el pobre Fernando Fernán Gómez hace todo lo contrario a lo que yo hice en Paris, quedarse todos los días encerrado en la pensión donde había alquilado una habitación. "Ninette y un señor de Murcia" es una espléndida adaptación cinematográfica de la homónima obra que Miguel Mihura estrenó en 1964. Miguel Mihura, que ya tenía en su currículo obras tan espléndidas como "Tres sombreros de copa" o "Maribel y la extraña familia", consigue con esta obra una estupenda crítica de la sociedad franquista española y la ausencia de libertad a través de la figura de Andrés (Fernando Fernán Gómez, en la película), un murciano que escapa a Paris en busca de una aventura de esas que en España estaban prohibidísimas. Fernando Fernán Gómez la llevó como director y protagonista a la gran pantalla con un acierto similar al de Mihura, con sobrada inteligencia para burlar la censura española que por aquella época solía mutilar las obras cinematográficas y teatrales. Andrés, como dije, viaja a Paris en busca de una aventura y de esa libertad que a priori disfrutaban en Francia y que en España casi ni se soñaba. En Paris contacta con su amigo Armando (Alfredo Landa) quien le consigue una habitación en una casa que regenta un matrimonio comunista exiliado de la guerra civil. Allí conocerá a la hija parisina del matrimonio español llamada Ninette (Rosenda Monteros) de la que se enamora perdidamente. En la primera escena Ninette invita abiertamente a Andrés a "hacer el amor" y acto seguido Andrés la coge en brazos entrando a la habitación y cerrando la puerta. Teniendo en cuenta que estamos en 1965 y en España, esto es tremendo. Imagino que a los censores se les pasó esta película.

En definitiva Andrés no sale de la habitación ninguno de los días que está en Paris poniendo cada vez una excusa distinta y con el consiguiente mosqueo de su amigo Armando que, interpretado por un Alfredo Landa en estado de gracia y contando con unos diálogos geniales, no para de provocar la risa en el espectador. Por otra parte en la figura de Andrés, encerrado en esas cuatro paredes sin poder salir a ver Paris, podemos ver al español que en aquella época estaba encerrado en España privado totalmente de toda libertad. Además Andrés y Armando con sus diálogos no dejan de nombrar Place Pigall y Mouline Rouge, las zona de turismo sexual de Paris por excelencia. Los padres de Ninette están interpretados por Aurora Redondo y Rafael López Somoza, también de muy acertada elección. Éstos montarán en cólera cuando se enteran de que Ninette espera un niño de Andrés. Estamos sin lugar a dudas ante una de las mejores comedias del cine y el teatro español en mi opinión. Fernando Fernán Gómez y Alfredo Landa llevan todo el peso de esta comedia con unas interpretaciones magistrales y yo, la verdad, nunca me canso de verla y reírme con ella.

Más tarde, en 1984, se creó la serie para la televisión con Juanjo Menéndez en el papel protagonista repitiendo Alfredo Landa el papel de Armando y Victoria Vera como Ninette pero ya no fue lo mismo. Después vino la película de Garci que aún no he visto.

Bien, tras volver de esta manera tan cinematográfica de Paris les dejo con una de las fotografías de este viaje que, les puedo asegurar, nada tuvo que ver con el del murciano Andrés. En l rpimera fotografía vemos la Torre Eiffel, los Campos Elíseos y la Torre Montparnasse desde lo alto del Arco de Triunfo. En la segunda fotografía, la inmensa Sacre Coeur de Montmartre, el barrio más bohemio y que más me cautivó de todo Paris.

viernes, 25 de junio de 2010

Hasta la vuelta...

Amigos bloggeros les comunico, como ya había adelantado, que me marcho unos días de relax y de desconexión total del mundo virtual (también llamado red). Espero que no me echen demasiado de menos en sus respectivos blogs ni en este mismo. Cuando regrese, no obstante, me pondré al día. Les voy a dar una pista para que adivinen el lugar al que me marcho. En palabras de Frank Sinatra:

I love Paris in the summer...when it sizzles....

Para que no echen de menos mis versos (o por si no tienen nada mejor que hacer), antes de que me deslumbren las luces de esa ciudad y no pueda escribir de otra cosa, les ofrezco dos poemas que dediqué a una de mis estatuas predilectas que pueblan Zaragoza. Se puede visitar en la Plaza San Felipe. Es una estatua sedente de un chico imaginando la hoy inexistente Torre Nueva de la que aún se puede contemplar su planta, como un recuerdo en el suelo zaragozano. El primer poema es un soneto y el segundo es en verso libre y narra una pequeña historia que cualquier viejo lugareño nos podría contar.


"Soneto en Plaza San Felipe"

"Día lluvioso o sol reluciente
Largo otoño o primavera fugaz
Clavado al presente el hombre sedente
sigue con ese ayer en que pensar

Anclado al pasado espera paciente
su sueño dorado realizar
Si el mundo pudiera leer su mente
también al tiempo podría parar

El hombre sentado es nuestra memoria
nuestro recuerdo al viejo torreón
que el viento barrió, que hoy es historia

Hoy, tras tomar un café en el Astoria
quise visitar los tiempos de gloria
que esta ciudad llora en cada rincón."



"Al hombre sentado"

"La mañana es soleada y reluciente
pero hay en San Felipe un hombre paciente
que siempre se siente de espaldas al sol
Hay en su figura un semblante
de alguien que espera eternamente
por alguien que le venga a rescatar
y hay en su rostro una inexpresión
de alguien que añora un pasado fugaz

La noche es lúgubre, grita doliente
y la luna a cada paso se nos derrama
del vaso colmado de dudas e incomprensión
Nadie de su luz podrá nunca escapar
ni quedar frío ante su influjo
pero el 'hombre sentado'
no se llegará a inmutar

El otoño cubre de hojas lo inerte
y el sedente se disfraza
para que no lo puedas reconocer
Pero, cuando llegue la primavera,
de flores no se dejará cubrir
y será entonces cuando lo vuelvas a ver

Ha llegado el día más lluvioso
Todo el mundo corre a resguardarse
cobijados en el calor del hogar
pero este 'sin techo' cala sus huesos
inmutable bajo el cielo gris
sin cambiar nunca su posición

Mi abuelo fue el primero que me contó
la existencia de este eterno sentado
de cómo solía siempre jugar a su alrededor
y por qué está siempre tan pensativo
él sólo, ahí, tan desamparado
En su último día mi abuelo sonrió
al contarme con su voz temblorosa
que esa mañana por su lado
había vuelto a pasear

Hoy mi nieto, por primera vez lo vió
y en su inocencia todavía no sabe
que el hombre sentado es la realidad
del sueño imposible del ser humano
Siglos, tierra y cielos pasarán
mientras él todo lo contemplará
impasible, sin mover un dedo
probablemente porque no quiere estropear
lo que en silencio está imaginando."


Fotografías, cómo no, de esta fotógrafa
Hasta la vuelta...

lunes, 7 de junio de 2010

La Bohème


Hace unos cuatro días descubrí en este blog de Javier Márquez Sánchez un video maravilloso de Charles Aznavour interpretando una de mis canciones favoritas de todos los tiempos: "La Bohème". Nunca había visto este video. En "La Bohème" Aznavour nos cuenta la historia de un pintor parisino que añora el ayer, el tiempo fugado. Hoy le dedico estos versos. A continuación del texto pueden ver el maravilloso video de Aznavour interpretando "La Bohème". En el blog de Javier Márquez Sánchez pueden leer la letra en francés y traducida.

La Bohème, poema dedicado a Charles Aznavour.

Recuerdo Montmartre y un lienzo en blanco
El cielo era azul desde aquel ático
como el marrón claro de tus pupilas
aquella tarde lluviosa de abril

Tu desnudo fue mi primera línea
En un nuevo universo, verso y vida
Mi trazo no pudo ser estático
ni hierático tu pelo en mi pincel

Pero el viento te borró a brochazos
cuando el tiempo fue arena entre los dedos
Esas horas felices que se escapan
como sombras a orillas del Sena
son noche que se alarga infiel
un día que no te llega a iluminar
una tarde que se acaba cruel

Y así, ahora, mi vida es la memoria
la resaca que de ti dejó mi abstemia
al mojar mis labios sin poderte beber
y al mismo tiempo muero de alcoholemia

Pues hoy la dicha es remover la historia
como hojas de un parque condenado a desaparecer
Pudiste ser un final en el que creer
Pero hoy sólo eres “La Bohemia”

sábado, 29 de mayo de 2010

El zumo de un clochard (Relato hiperbreve)

La absenta terminó con cuarenta años de malos versos escritos en servilletas de bar, rodadas por los Cafés de Paris. El policía que encontró el cuerpo del poeta muerto, rescató un viejo bloc de sus bolsillos. El policía dejó el cuerpo y triunfó como escritor.

Relato publicado en Jazzmen (Cartonerita Niña Bonita. 2011)


Aunque este relato no es precisamente esperanzador, para desintoxicar un poco quiero publicar una canción y una película que siempre vienen a mi mente cuando pienso en Paris. "Charade", tema compuesto por de Henry Mancini:

Deliciosa película que algún día comentaremos....