viernes, 9 de julio de 2010

La sonrisa que se esfumó (Relato breve)

La madrugada se extendía larga e interminable. La luz del neón que anunciaba con su vulgar zumbido “The white horse” volvió a apagarse a la hora que empiezan a desvanecerse las estrellas y Andrés se volvió a ocultar detrás de los coches, esperando que saliera su novia. Andrés tenía que ocultarse todas las noches, pues al jefe no le gustaba que su mejor chica hiciera horas extras gratis, fuera del trabajo. Pero esa madrugada parecía no querer convertirse en día, algo diferente flotaba en el ambiente. En efecto, su chica salió con el semblante triste y cansado de todos los días. Cuando hubo caminado una distancia prudente, apartada del club, Andrés salió a su encuentro. Pero esta vez el encuentro fue diferente. La chica miró fijamente a Andrés y dijo que esa era la última noche; alegó que se sentía fatal por hacerle pasar al hombre que más quería estas calamidades y que, por otra parte, nunca podría dejar ese trabajo. Así, el destino obligó a Andrés a dejar atrás un amargo pasado y a escapar de su ciudad natal lo más lejos posible.

Nuestro amigo Andrés se encaminó a una ciudad lejana y gris con la idea de buscar una nueva aventura pero, al llegar, la aventura le encontró a él. Fue una pesada tarde de julio en la que nuestro amigo, cansado de caminar, hizo una parada en una grande y vieja casa. Al entrar en ella contempló con admiración todos sus lujos, sus luces, su magnitud y sintió mucho miedo por creer que no estaba a la altura de todo aquello. Pero justo cuando estaba a punto de abandonarla le ocurrió algo que ni siquiera hubiera podido soñar. Entre la muchedumbre divisó a una mujer tan especial que creyó no haber visto nunca nada igual. Su mirada parecía encerrar muchos de aquellos sueños que la vida le había obligado a abandonar y su sonrisa era tan breve que, tras unos segundos de contemplarla, parecía esfumarse por completo de su rostro sin haber dejado huella en él. Andrés se enamoró por completo pues, si la sonrisa no había dejado huella en el rostro de la mujer sí lo había hecho en su corazón. Decidió aguardar a que la muchedumbre se fuera dispersando para poder presentarse a aquella chica que, por otro lado, parecía la más famosa del lugar. Al final, cuando la casa estaba a punto de cerrar, se pudo acercar a ella pero lo único que pudo hacer al contemplarla de cerca fue pedirle que nunca dejara de sonreír. Andrés se sintió fatal por no ser el primero en haberla visitado aquél día. Él quería ser el primero y no aguardar a que el local cerrara para poder verla a solas. La experiencia de su pasado le sugería que ese no era un bonito plan. Así que nuestro enamorado decidió dormir en los jardines de la casa para, la mañana siguiente, ser el primero en visitar a su musa. El frío nocturno de julio no existía pero sí el pegajoso calor que el gran río desprendía en la madrugada. Una vez renacido el sol, las piedras de la ciudad cobraron vida y las quimeras parecían hacerse realidad. Poco a poco se comenzó a observar movimiento dentro de la casa. Mirando hacia la habitación de la muchacha vio cómo se encendía la primera luz de la mañana. Pronto abrieron las puertas y él fue el primero, al fin, en entrar a su alcoba. A partir de entonces siguió haciendo lo mismo noche tras noche, tras noche, tras noche… hasta que al final comprendió que aquella sonrisa seguía esfumándose siempre del rostro de la mujer, por mucho amor que él le diera. El tiempo pasó y la resaca duró años. Hoy Andrés sólo recuerda que aquella musa de sonrisa esfumada se llamaba Gioconda.



A continuación, la quimera más famosa de Notre Dame, la estirga:

Muchos las llaman gárgolas. Realmente las gárgolas son los salientes que, a ambos lados de las fachadas, están destinados a evacuar agua. Normalmente éstas también adquieren formas monstruosas. Las quimeras son simplemente esculturas de seres fantásticos que, por ejemplo, en Notre Dame adornan las partes más altas del edificio, las torres. La galería de quimeras de Notre Dame está diseñada por Viollet-le-Duc. La estirga parece contemplar maravillada los cambios que afectan a la ciudad a lo largo de los siglos.

26 comentarios:

roberto dijo...

Se ve que te ha sentado bien tu paso por París...

Marcos Callau dijo...

Para ver la Gioconda, Roberto, tuvimos que esperar una fila inmensa. Toda una muchedumbre se agolpaba ante la obra y esto es una pena porque te impide disfrutar bien, como se merece este cuador histórico. Frente a la Gioconda está situado el gigantesco "Las bodas de Cana", del Veronés, y parece que nadie lñe presta atención. Bueno, el relato se me ocurrió ya en Zaragoza. un abrazo, Roberto.

Fernando dijo...

Amigo Marcos: la Gioconda nunca me ha gustado demasiado, sobre todo colgada de un museo y rodeada de medidas de seguridad y turistas. Su sonrisa me parece maquiavélica y no me extrañaría que fuese, como dicen algunos teóricos, el retrato de un hombre afeminado. Bueno, ya sabes que mi amor se decanta por los impresionistas, aún reconociendo el valor pictórico de la Gioconda. El relato me ha parecido muy bueno, con un final inesperado y atractivo. ¿Cómo fué el viaje a París? ¡Cenaste en el barco nocturno del Sena? ¡Visitaste Montmartre?. Un saludo cordial.

Marcos Callau dijo...

Hola amigo Fernando. Desgraciadamente no pude verlo todo y me quedó pendiente el museo de Orsay. No obstante, lo que más me cautivó fue efectivamente Montmartre y su ambiente, sus calles llenas de historia y esas baldosas en las aceras que están llenas del eco del pasado. Tanto me gustó que fui dos veces y comí en un restaurante donde había un pianista que interpretó, entre otras, "My way". También fui en el barco del Sena pero no cené, sólo hice la consabida travesía desde la Torre Eiffel hasta St. Louis. Me encantó esa ciudad. Volveré en cuanto pueda para ver lo que me quedó en el camino y para revivir todos los encantos que ya conocí. Me acordé mucho de tí y de tus poemas dedicados a esta ciudad. Poco a poco iré contando. Un abrazo.

PEPE CAHIERS dijo...

Esto me ha hecho recordar el mediometraje de Antonio Mercero "La Gioconda está triste", con guión de Jose Luis Garci, que contaba como un día apareció la mujer del cuadro sin su eterna sonrisa y como el mundo desapareció porque nadie era capaz de reir.

Amaya dijo...

Fantástico relato y, fantástico final. Como siempre nos enganchas (que sigas teniendo esta musa tan buena...)

Marcos Callau dijo...

Pues no he visto ese mediometraje, Pepe, pero suena muy bien. A ver si lo puedo conseguir. Es muy buena la idea.

Gracias Amaya, por tus palabras. Ahí seguiremos con la musa... aunque no sonría jeje.

ANRO dijo...

Precioso Marcos. Esa damita se presta a muchísima imaginación. ¡Ya veo que tu viaje te ha marcado con muy buenas vibraciones!
Un abrazote.

Cendrero (Adm. El Busto de Palas) dijo...

Un bello relato y un final sorprendente, me ha encantado. La verdad es que hasta los últimos párrafos no había sospechado nada sobre el final, la sorpresa ha sido muy poética.

Qué envidia que hayas podido ver a la Gioconda en persona, seguro que conservas un buen recuerdo de ella...

Marcos Callau dijo...

Mil gracias, ANRO. Sin ser uno de mis cuadros preferidos (en el Louvre pude ver algunos que me gustaron mucho más) hay que reconocer que hay algo etéreo en el sfumato de su sonrisa muy sugerente e inspirador a todo el que la contemple.

Hola Cendrero y muchas gracias. Me agrada lo que comentas pues por esa razón decidí poner la fotografía de la Gioconda al final del relato. De otra manera, encabezando el texto, hubiera destrozado totalmente el factor sorpresa. Que no te de mucha envidia eso de verla en persona, Cendrero, pues se ve mucho mejor en cualquier fotografía que encuentres en internet. Además de que el cuadro es pequeño, la muchedumbre que se agolpa ante él para conseguir un primer plano con su cámara es tal que a penas puedes admirarla tranquilamente. Eso fue lo único que no me gustó del Louvre, pero contra las muchedumbres poco se puede hacer.

Crowley dijo...

No hay nada como aprovechar un viaje y sacar inspiración de él. Enhorabuena por el relato. Lo he disfrutado mucho.
Un saludo

Marcos Callau dijo...

Me alegro que lo hayas disfrutado, Crowley... para eso los escribo; muchas gracias por palabras así, dan mucho ánimo. Saludos.

Princesa.triste.115 dijo...

Me ha gustado mucho el relato y lo has marcado perfectamente...espero que muchas mujeres no pierdan esa sonrisa, que nunca la cambien por tristeza, por ojos tristes.
Y la Gioconda siempre me inspiró tristeza, incógnita y a veces misterio.

Un beso y sigue escribiendo porque lo haces genial

Manchas de Tinta dijo...

Espero que el próximo relato no me lo adelantes. Aún así, me ha gustado mucho. Luces de neón incluidas.

Marisa dijo...

París siempre inspira grandes relatos, gran poesía, espléndida música.

Estuve hace cuatro años allí y veo que las cosas en el Louvre en torno a la Gioconda siguen igual... de mal. Entiendo la amplia distancia que se exige entre el cuadro y el público, para preservarlo de posibles daños, pero es un cuadro tan pequeño (yo no sé por qué lo imaginé mayor), que casi no aprecias detalles.
Por no comentar la gente agolpada para verlo, como bien dices, que podría solucionarse con un pasillo circular alrededor del cuadro para que todos tuviéramos opción a verla de "cerca", y no a codazo limpio.

Me ha gustado mucho tu relato, y la estirga de Nôtre-Dame una verdadera maravilla: como bien dices, parece encantada al ver pasar los diferentes atuendos de la ciudad.

Saludos.

Mery Larrinua dijo...

Muy bueno tu relato....y al no haber visto primero la foto de la Gioconoda...la lectura fue muy intrigante...hasta su final...
un abrazo

Marcos Callau dijo...

Muchas gracias Princesa. Sin duda, el misteiro de su sonrisa es lo que primero advierte el espectador. Después, como bien dices suele dejar un poso de tristeza muy personal.

Hola Manchas, ya sé que lo chafé... pero tuvo que ser así, ¡qué le vamos a hacer!. Reconozco que el truco de todo el relato consiste en la sorpresa final y sin ella, ya no es igual. En cualquier caso, muchas gracias por leerlo y por el apunte de las luces de neón. Un abrazo.

Hola Marisa. La verdad es que yo ya llegaba informado del tamaño del cuadro, así que eso no me sorprendió. Lo que me sorprendió negativamente fue el gran espacio que comentas entre público y obra. La estirga de Notre Dame es otra de esas figuras inspiradoras con una fuerte carga romántica. Mil gracias por tus palabras.

Hola Mery. Ése es el truco, no ver la foto primero jeje. Un fuerte abrazo y muchas gracias.

gargola dijo...

Señor Marcos, nos sorprende con cada entrada que realiza, veo que viniste con las pilas cargadas, y con muchas nuevas ideas en su cabeza.
Un saludo.

Marcos Callau dijo...

Hola gárgola, supongo que te habrá gustado la fotografía de la estirga... aunque sólo sea por tu nick. Miles de gracias por tus palabras, celebro que sigamos sorprendiendo. Un abrazo.

39escalones dijo...

Aunque de Gioconda se vista La Mona Lisa, lisa se queda.
Abrazos.

Marcos Callau dijo...

Excelente, Alfredo. Si esa frase es tuya, te felicito por tu ingenio. Muy bueno... Yo había oído la clásica versión de "aunque la mona se vista de seda..."

David dijo...

Pues el relato no me ha convencido del todo. No sé. La parte del principio es algo tramposilla y despista... Pero me gusta el final, aunque no sé...
De todas formas, me has recordado mi visita al Museo y aquellas colas para ver un cuadro, que me encanta, pero del que pasé para ir a otras obras en que estaban menos "solicitadas" y tenían también mucho encanto.
Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

La verdad es que hay obras equiparables que no tienen ningún espectador. Me alegor de haber recordado tu visita. Gracias David.

Gabrielle Dupré dijo...

La Gioconda me parece estupenda, estupendaaaaa!

Callau ¿sabes que es la primer pintura que nos enseñaron a mi grupo de kinder (a donde van los niños de 2 a 5 o 6 años en México, antes de iniciar con la Primaria, que para ustedes sería también Primaria, luego viene el Cole y el Insti, ¿me equivoco? .

Me acuerdo perfecto que nos dijeron: es la monalisa y no tiene cejas! jajajajajajja. Siempre disfrito mucho leerte, tienes candidez y sensibilidad Callau!

Marcos Callau dijo...

Hola Gabrielle. No te equivocas, así funciona más o menos todavía aquí en España el asunto escolar. Ahopra han incluido la ESO después de la EGB (Primaria) pero vamos, todo es lo mismo. Un bonito cuadro para empezar, desde luego. Estoy muy agradecido por tus palabras, también muy cándidas siempre. Enormemente agradecido.

Gabrielle Dupré dijo...

Pero a ver dime para saber bien... como inicias... si un niño de dos años va a la escuela como se le llama por allá?

Die todas las etapas de la escuela por favor hasta llegar a la Universidad... me encantaría aprender de ustedes... el ESO cuánto dura? Qué quiere decir ESO Y EGB?

Después de la maestría, viene el doctorado?

Muchas gracias, agradecería enormemente tu ayuda!