miércoles, 16 de diciembre de 2009

"Lo bueno, si breve ..." (Relato de bar)


La media tarde invernal era abandonada por el sol mientras que una esquina fue sorprendida por la temprana noche que, atracándole luna en mano, le sacó hasta la última gota de luz. La ciudad creció en grotescas sombras que tentaban al solitario viandante pero yo, lejos de ser atraído por el destello de las estrellas de neón, me refugié en el mismo bar de siempre donde Charlie pondría buena música y reiría a ritmo de swing con mis increíbles historietas. "Charlie's" era un lugar de copas semioscuro y agradable con música de jazz frenética y divertida o tranquila y triste, dependiendo de la hora y el estado de ánimo de Charlie. En las sombras las parejas se amaban, en la barra los olvidados recordaban y yo, en fin, escuchaba buena música y hablaba con mi barman preferido. Esa noche Diana Krall acariciaba su piano y su voz parecía enredarse em la humareda del ambiente. Era el sensual "Do it again" cantado por la rubia canadiense a cuya voz se adaptaba aquél bar a la perfección. Le pedí a Charlie un martini bien frío y él llenó de forma generosa el tubo, dejando nadar en él tres borrachas aceitunas ensartadas en un futuro incierto.

- Bueno, Charlie, ayer volví a estar en la cama con Sandra. ¡Qué rubia!. Explosiva, fogosa y salvaje, como me gustan a mí. La verdad es que llegué a temer por los pobres vecinos que quisieran dormir, tendrías que haber escuchado cómo gritaba.

Charlie miraba y reía a carcajada limpia mientras me servía otro martini. Me miró con sonrisa de tiburón y dijo:

- A ver si sientas la cabeza con esta de una vez, bribón. Ya va siendo hora, que tienes una edad...

- Pero, ¿qué dices, hombre?. A mí ahora no me pesca una de esas gatas... -respondí con gran despreocupación teatral-


La verdad es que la historia de Sandra ya la traía desde hacía mucho tiempo. Era la quinta vez que contaba a Charlie cómo me metía en la cama con ella. Charlie aún no conocía a Sandra, pero yo... tampoco. Si hubiera sido una historia real sería la bomba. Pero al menos eran mentiras piadosas que hacían reír a Charlie a base de fantasmadas. Era un juego. Él disfrutaba escuchándome haciendo como que me creía y vendiéndome cada vez más martini. Yo, me dejaba emborrachar, por no emborracharme con mis recuerdos. Para mí aquello era un escudo tras el cual ocultarme y ocultar mi realidad. En cualquier caso yo nunca me había acostado con una rubia y mis amores habían sido escasos y bastante mediocres. Así yo iba avanzando en edad mientras en mi vida avanzaba la soledad.

La noche prosiguió y Charlie puso un CD de una voz que no conocía, una mujer que desgajaba sensualmente las primeras notas de "Summertime" haciéndola íntima y asombrosamente suya. Al mismo tiempo que ascendía la canción ascendió mi temperatura al comprobar gratamente la llegada de una morenaza que parecía conocer bien a Charlie. Su sonrisa resplandeció en mitad de la barra del bar e iluminó una preciosa cara de mejillas sonrosadas y labios rojos sangre totalmente naturales, sin ningún tipo de maquillaje. Al mismo tiempo que saludó efusivamente a Charlie a mí me dedicó un verde pestañeo con el que telegrafió "Bienvenido al infierno... si eres lo suficientemente valiente". A juzgar por la largura de sus pestañas hubiera presagiado un gran huracán cuando ella volvió a parpadear al pedir su vodka pero, afortunadamente, el temporal sólo azotó de lleno en mi corazón. El primer trago de vodka fue un reojo delicado y lleno de vicio que me terminó por convencer. En ese momento decidí atacar, como siempre, hablando de cualquier cosa en voz alta y dejando muy claro que soy amigo del camarero. Son armas que dan buen resultado y que me enseñó una gran mujer. La conversación con Charlie versaba sobre la cantante misteriosa que sonaba en aquél momento por los altavoces del bar. Su nombre era Renee Olstead y resultaba ser también actriz. Su forma de cantar recordaba vagamente a la de un saxofón y, aún siendo una cantante contemporánea, parecía sacada del mismísimo Cotton Club del Harlem años treinta. Casi sin darme cuenta la morenaza de la barra se estaba metiendo en la conversación y no me quitaba los ojos de encima. Su mirada era brillante y notaba cómo me traspasaba hasta la médula mientras yo seguía hablando con Charlie. "Me encanta el jazz" -exclamé- y entonces ocurrió el milagro. Aquella belleza aproximo su taburete al mío y comenzó a hablar:

- Eso me llama la atención en un chico tan joven como tú. ¿Cómo te gusta tanto el jazz?. ¿Tienes la edad que aparentas o eres Chet Baker que consiguió al fin hacer el pacto con le diablo?
- Vaya, ¿y a ti?. Tú debes de tener mi edad, más o menos ...


Sí, ella tenía dos años menos que yo. era guapísima, parecía raptada de mi sueño y traída a la realidad por mi ángel de la guarda. Llevaba puesto un vestido ceñido, azul, con generoso escote y una melena negra brillante caía sobre sus delicados hombros igual que la noche tranquila cae sobre el mar. Su piel era blanca y su aroma era tan sensualmente carnal que me hicieron desearla nada más mirar sus labios y percibir su sabor en la distancia. Charlie parecía conocerla, pero no tanto como aparentaba, así que mi plan estaba ya decidido. Sus pupilas brillaban en las mías y el deseo rebosaba en nuestras miradas a la vez que Charlie rebosaba nuestras copas. Sutilmente la invité a mi apartamento porque estaba decidido. Parecía que el día irrumpía en mi noche, en plena medianoche, y un cielo azul se abría ante mis ojos. El sol salió a plena madrugada cuando su sonrisa respondió que esa noche quería dormir en mi cama. Tantas cosas había oído y tan poco me importaban ahora las historias de amores de una noche que me dejé llevar por su rara belleza sin importarme haberla conocido hacía sólo una hora. En su mirada había algo eterno y quería conquistarlo.

De camino las farolas fueron semáforos en rojo que nos obligaban a parar para besarnos. Yo abracé su cuerpo y creí estar en el cielo. Doblamos la esquina que nos conducía a la luna, que esa noche lucía hermosa y enorme, y en la primera estrella a la derecha ella hizo que me detuviera para observar cómo brillaba en sus pupilas la mejor noche de mi vida. La subí a mi habitación y ella se desprendió del vestido con tal facilidad que me pareció sencillo acabar con mi soledad. Pero no acabé yo, dejé que acabara ella mientras desabrochaba mi camisa, me quitaba el cinturón y me devoraba. Estando los dos desnudos ella me abrazó y me besó de la forma más caliente que me habían besado nunca. No se si apagó la luz o me cegó al llamarme "amor" pero pude ver cómo la luna traspasaba la persiana dibujando una cebra en su cuerpo desnudo teñido de añil y curvas irresistibles. El caso es que la cebra me cabalgó invirtiendo el orden del factor y yo tardé bastante en poderla domar. Fue un juego maravillosamente sucio que limpió los malos recuerdos de mi mente. Por un momento creí que mi respiración y la suya eran la misma mientras profería tales obscenidades que creí que su lengua era extranjera. Yo creo que fue ese instante en que ella me mordió el cuello cuando yo rocé el cielo con la yema de mis dedos inundando de verano todo aquél diciembre. Agotados, sin fuerzas, derrotados por nuestras mismas tropas peor con la guerra ganada en ambos bandos ella sen enredó en mis piernas y durmió junto a mi boca después de exhalar un incomparable "te quiero... dime que esto nunca acabará"

Yo me dormí abrazando su suavidad y creyendo que el sueño se había hecho realidad.

Pero, como todo sueño, desperté al día siguiente y su lado de la cama sólo guardaba de ella su aroma. Lo que la luna había dibujado en su cuerpo hoy lo borraba la luz del sol en su hueco de mi cama. Yo me levanté sobresaltado dando una oportunidad a la posibilidad de que ella estuviese en el baño pero ahí no la encontré. En lugar de ella había una nota reposando en el cenicero de la cocina: "Ha sido perfecto y no lo quería estropear así que nunca sabrás nada más de mí. Sólo así permanecerá siendo perfecto. Te quiero."



Ni tan siquiera la firmó porque probablemente su Rebeca era tan sincero como el Tomás que yo le dije. Podría haber encajado la jarra de agua fría de forma más natural pero aquél despertar se me clavó como una daga, igual que su mirada me había traspasado la noche anterior. Fue un instante en mi vida pero la había sentido tan mía que me hubiera casado con ella. Tenía razón en la nota, era perfecta. Ella era perfecta.

La tarde avanzó y la luna volvió a devorar al sol vomitando después las estrellas a su antojo. Hoy no brillaban, parecían pequeños botones blanco marfil, blanco mate. Llegué por la calle de "Charlie's" caminando abatido como James Dean bajo la lluvia en Times Square. Pero al traspasar el umbral del bar me convertí en un Cary Grant triunfante e impoluto.

-¿Qué tal, bribón?. ¿Cómo te fue con mi amiga? -inquirió Charlie-

-Bueno, Charlie, es una pasada, mejor aún que Sandra. Pero, escucha, me ha tomado demasiado cariño y creo que lo voy a dejar ahí. No me gusta repetir, ya me conoces. Siento peligro cuando se encaprichan demasiado conmigo. ¡Lo bueno, si breve, dos veces bueno!...jejeje... lo siento por ella.

- Bien, bien, amigo. Peor sería si fuera al revés y ese bombón te hubiera dejado a tí. La verdad, era tremendamente guapa, simpática, una mujer de la que te puedes enamorar con facilidad...¡qué suerte que no haya sido así!, ¿verdad?.


Su respuesta era de esperar pero el tono de su voz fue diferente y pude advertir que aquella vez ya no me había creído mi historieta. El bueno de Charlie parecía haberme desenmascarado. "Bueno, Charlie, pónme un martini" -dije yo para desviar la conversación-. Esta vez Charlie me sirvió una copa pequeñísima donde una roca de hielo era rodeada por una ínfima laguna medio seca de martini.

- Pero...¿qué es esto Cahrlie?

- Ya sabes, amigo. Lo bueno, si breve...
y Frank Sinatra sonó a todo volumen

THE END

Publicado en Jazzmen (Cartonerita Niña Bonita. 2011)

Para ponerle banda sonora: "Summeritme" (Renee Olstead)

14 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Una noche de inmenso placer bien vale la pérdida de un martini, aunque nunca dejar de escuchar jazz.

Un abrazo

39escalones dijo...

No está nada mal. Si me permites, una única observación (no soy nadie para dar consejos, pero cuando intento escribir creo que adoleszco de lo mismo): jamás hay que escribir como se habla, nunca, con una excepción; cuando se escriben diálogos. Yo he terminado por no escribirlos, porque me suenan fatal: el excesivo cuidado, la teatralización o guionización de los diálogos, los mata, los vuelven artificiosos, y por tanto, falsos.
Sólo es una idea.

Manchas de Tinta dijo...

Dicen que de tanto repetirlas el mentiroso termina creyendose sus propias mentiras. Pero por mucho que insista tu bravucón personaje no conseguirá que el martini rebose del vaso. Buen relato.

Dana Andrews dijo...

Gracias Alfredo, no sólo por tu comentario sino por el consejo. La verdad es que los diálogos son lo que más me cuesta añadir a un texto. Tomo nota. No, no lo conseguirá Manchas pero la menos tiene imaginación. Terminará siendo escritor. Muchas gracias.

roberto dijo...

Estupenda historia, Dana. Me ha encantado.
Y a mí me gustan los diálogos en un cuento. No los elimines. Trabájalos, léelos en voz alta hasta que te suenen naturales, pero no los quites. En mi humilde opinión, el que no domina los diálogos (o los elimina) no es un buen escritor, por muy bien que quede hoy en día escribir obras sin apenas diálogos (según ciertos críticos y autores). Pero sólo es mi opinión personal, claro. En cualquier caso, mi enhorabuena por el cuento. Es bueno, vaya.

Dana Andrews dijo...

Muchas gracias Roberto, venido de tí es algo muy importante para mí. Puede ser que me haya influido el haber vuelto a leer "La marea del despertar"...Me encanta la forma de describir que tienes cualquier situación. Muchísimas gracias.

Vivian dijo...

Un relato con atmosfera noir, con regusto a cine en blanco y negro, a Chandler, a sombrero ladeado y a pasiones que terminan casi antes de empezar pero perduran en el fondo de un vaso de martini…

Me gustó mucho este relato

Por cierto, yo también soy más de vodka que de martini

;)

Dana Andrews dijo...

Vaya, vaya Vivian la verdad me encantan las comparaciones con el noir y ... ¡no digamos ya con Chandler!, aunque me falta intriga y asesinato. Muchas gracias por tu comentario, ¡vale por un vodka en la barra del olvido!.

Manchas de Tinta dijo...

¿Diálogos si o diálogos no? Lo único seguro es que en tus relatos no debe faltar un vaso descansando en la barra de un bar.

39escalones dijo...

No pretendía abrir un debate sobre la bondad o no de los diálogos. Simplemente, que si al repetirlos tú mismo en voz alta suenan falsos o teatrales, mejor darles la vuelta. En mi opinión, hay que escribir como hablaría el personaje; el diálogo forma parte de su caracterización, de su psicología, tanto como la descripción de su físico. Si habla como el autor, o si mantiene el mismo tono o estilo que la propia narración, algo falla. Así que no se trata de ponerlos o no, sino de ponerlos y que suene bien. No hay nada peor, y en el cine es lo mismo, que un diálogo que suena a falso. Almodóvar es buen (mal, debería decir) ejemplo de ello. Por eso sus personajes son tan falsos, inverosímiles, aunque la crítica peda en botija con él.
Un abrazo.

39escalones dijo...

Ah, otra cosa. Creo que el dominio de los diálogos no determina de por sí la bondad de un escritor al igual que sucede con los guiones de cine (de hecho, los guionistas clásicos se dividían en los que escribían los argumentos y los que luego, sobre él, añadían los diálogos). Simplemente, como en el cine, hay historias que necesitan mucho diálogo y otras que no. La cuestión, insisto, es que cuando se introduzcan, se haga porque es imprescindible para el personaje, para que avance, sí, pero sobre todo para contarnos algo de él. En las novelas de hoy se abusa del diálogo intrascendente o gratuito cuando no, directamente, de la sandez. Fíjate en Larsson, por ejemplo.

Dana Andrews dijo...

Desde luego lo de Almodóvar sí es buen ejemplo. Queda claro tu punto de vista Alfredo. Yo soy de los que me he cansado de ver alguna película por sus diálogos interminables (no porque sean interinables sino porque no eran necesarios).

Amaya dijo...

Charlie´s me recuerda a un sitio similar con mucho encanto y buena música, en el que la historia que nos has narrado, bien podría haber sucedido allí... cual película años veinte
Tremenda historia, visual, sensual...

Dana Andrews dijo...

Muchas gracias, Amaya. Los ambientes de bar son propicios para estas historias.