jueves, 31 de diciembre de 2009

La Noche más Vieja (Un relato para felicitar el año nuevo)



La noche más vieja yo me sentía precipitadamente viejo porque al avanzar en edad el espíritu es difícil disimularlo con unos ojos brillantes. Abrí las ventanas del corazón para ventilar tu habitación de esa ausencia que no me mató pero hirió profundamente y entre sus despojos, revolviendo en mis harapos, quise hallar la respuesta al por qué todas las mujeres me miran sin ropa y tú me ves desnudo cuando todavía no me he desprendido de ninguna prenda. Fue una de esas cuestiones que escarbaron en mi mente en aquélla barra de bar cuando estaba a punto de cerrar, en el hoyo de un clochard que quiere resucitar. Pero desnudo, como tú me ves, volví a salir a la calle y volví a pensar que mi alma es un garito de mala nota agrietado por demasiadas pérdidas irreparables, avinagrado por el paso de las decepciones de algunas aficiones aficionadas al suicidio, afecciones de un corazón astillado del vidrio y delirio que son tus ojos. Rondando la avenida, perdiéndome por las callejas y derivando de lado a lado como barco varado entrompé en el último bar, el más viejo que encontré antes de nochevieja. Las farolas habían iluminado la intermitencia de mis pasos, latidos apresurados que no saben dónde van, pero al traspasar ese neón naranja del último bar abierto en este mundo todo se apagó en un instante en que el planeta pareció quedar profundamente dormido. Era un bar olvidado que daba la pobre sensación de caerse a pedazos. Por esta razón sirve de refugio a aquellos corazones que también se declaran en ruina. Entré y pedí al lánguido camarero el último martini de ese año moribundo que ya expiraba. Mientras apuraba el vaso pasaba las hojas del periódico para intentar calmar mi infierno y observé en la esquina de la barra a un viejo que intentaba calmar su invierno en cigarrillos sin filtro devorados uno tras otro y en pequeños vasos de vino tinto. Aún desconozco la razón pero aquél hombre me sonrió con su dentadura de humo y, tras observarme de arriba a abajo, soltó una carcajada: "¡Ja, ja, ja, pues sí que estás animado para el fin de año!". Sorprendido por el comentario agaché la cabeza y me di cuenta que, por azar, había dejado el periódico abierto por las páginas de esquelas. El viejo, tras recuperarse de la carcajada volvió a hablarme: "Vamos, muchacho, pasa página que me parece estar buscando apartamento... lo mejor siempre es pasar página hasta que llegues al final del libro algo que sucede cuando llegas a mi edad". La verdad es que sus dos primeras frases habían desvelado algo de ingenio en aquél anciano y siempre creo que se puede aprender algo de las personas mayores así que se entabló una conversación agradable y, más tarde, una amistad de bar. El hombre me hablaba de todo. Habló de su vida, aquél negocio que le había salido mal, aquél otro que le había producido bastante suma de dinero y así pasó media hora. Éramos dos barquitos en medio de un océano menos negro que antes y que avanzaba irremediablemente hacia la media noche aunque aún faltaban tres horas. Llegó ese momento en que mi amigo ya había bebido el suficiente vino y comenzó a hablarme de lo que él consideraba lo más importante en su vida. J.R., así se llamaba, sacó un papel y un bolígrafo y escribió minuciosamente unos números. Al terminar me pidió que lo leyera en voz alta: "Ventinuevemil doscientos uno" -dije yo-. "Eso es, esta es mi lotería" -respondió-. Yo pensé que el día de la lotería ya había pasado y quizás le había tocado pero el viejo siguió hablando. "Mi fortuna en esta vida ha sido vivir todos estos días: 29201. Ayer cumplí ochenta años y no los cambio por nada en esta vida. La vida es un regalo y te lo digo yo que también he sufrido lo mío. Mi esposa murió a los sesenta, estuvimos cuarenta años juntos. Mis hijas me dijeron que rehiciera mi vida pero no me dio la gana. Si quiero dormir caliente un día no me cuesta nada dejarle el hueco en mi cama a alguna amiga pero, a la mañana siguiente, ese hueco debe seguir siendo hueco siempre vacío como el hueco que mi mujer dejó en mi corazón cuando partió. Su pérdida fue lo más doloroso de mi vida. No lo pienses más, no sigas pensando qué hacer mañana. Lo más importante es vivir ese mañana y vivir, en definitiva, es el mejor regalo que nos hicieron nuestros padres. Lo demás no importa. Yo tuve la bendición de compartir ese regalo durante cuarenta años con una mujer maravillosa, ya no puedo pedir más. Dentro de pocas horas comienza un año nuevo y tú puedes comenzar una vida nueva. ¡Suma los días que llevas vividos y sigue con ellos!." Realmente fue todo un discurso pero me llegó muy hondo, ya no sentía dolor ni tristeza. Aquélla noche ví a un hombre que me ayudó a comprender lo importante en la vida, un hombre que pese a la pérdida de su esposa se jactaba de la fortuna que había tenido. Entonces abandoné el bar y salí a la calle con el pecho hinchado, más animado, viendo la noche y el invierno de otro color. Siempre se puede aprender algo nuevo de nuestros mayores y más aún de un borracho.

No hay ninguna frase copiada ni ninguna expresión pero reconozco que escribí este relato después de escuchar a Joaquin Sabina, al llegar de un bar donde ocurrió precisamente lo que les cuento.


¡FELIZ AÑO NUEVO 2010 A TODOS!


La imágen del comienzo es de Helnwein y está basado en "Nighthawks" de Edward Hopper.

9 comentarios:

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Feliz año nuevo 2010 para ti también, que sigas delitándonos con relatos ocmo este mucho tiempo más.
Saludos

Pilar dijo...

Feliz año, que las musas te sigan acompañando.

mi nombre es alma dijo...

Sobre todo de un borracho (sonrío). Es bueno despedirse del año con un relato y esperando los que vendrán.

Un abrazo

Dana Andrews dijo...

Muchas gracias Crowley, eso se llama dar aliento. Feliz año. Pilar, muchas gracias por acordarte de pasar por aquí en estas fechas. Ay, las musas...espero que no pasen de mi. Feliz año nuevo. Me alegra hacerte sonreír Alma, que se cumplan todos tus sueños en el 2010.

Antonio Callau Pérez dijo...

Me gusta mucho porque creo que es muy cinematográfico. Feliz Año 2010.

Aniovedh dijo...

Gran relato para cierre de año Dana, gracias por compartir palabras tan valiosas con nosotros a lo largo de todo este tiempo, no se desde cuando visito tu blog, el tiempo es incerto y brumoso, sea mucho o poco, no me arrepiento de haber caido aqui y leer cada entrada que me sea posible, buen fin de año y que el venidero sea aún mejor que este que se nos va, un abrazo, saludos!

Dana Andrews dijo...

Gracias, será de ver tanto cine negro Antonio. Feliz Año. Muchas gracias Aniovedh, me gusta eso de incierto y brumoso. Que tengas tú también un buen final de año y un feliz año 2010.

Amaya dijo...

Yo también creo que, de una forma u otra tienes una musa que vela por tí y, que con relatos como éste nos tienes enganchados... Feliz Año!!

Dana Andrews dijo...

Muchísimas gracias, Amaya... muchas gracias por esta inyección que sube la moral a cualquiera... Más que un comentario es un subidón.