martes, 22 de noviembre de 2011

Miguel Servet, número 20

Autor de la fotografía: Javier Bueno (Arvikis) del blog: Traductor de miradas


Desde los viejos años oscuros,
cubierta de polvo,
como si acaso esta lluvia
se hubiera derramado durante siglos,
como la sangre,
surges de una guerra sin final,
habitada por un demonio y amortajada,
mi vieja casa enmohecida.


Como vigilan los ojos de los muertos
tus ventanas de cristales rotos
parecen mirar a un par de enamorados
y llegas entonces con el aroma incierto
del primer escarceo en un portal,
el timbre de la escuela
o el último paso que nunca avanzó,
mi vieja casa enmohecida, 
al aroma de tus balcones rotos.


Hermética y de puertas clausuradas
el perdido paseante
que camina por Miguel Servet número 20,
aún se pregunta de este otoño
qué te mantiene en pie
o qué ráfaga de viento, a él mismo,
le arrastra y empuja
hacia una insólita dirección.


Viejas casas enmohecidas,
sin saber excatamente nuestra razón,
segumios erguidas
en mitad de un mundo nuevo
que nunca nos perteneció.



Para poder ver algunas fotografías de la entrega de premios "Raíces de papel" del pasado 18 de noviembre, pulsar aquí

15 comentarios:

ARVIKIS dijo...

Un poema con un toque siniestro de ausencias irreversibles. Cuanto misterio en estas casas, y cuanta literatura han inspirado. Las cosas no pasan porque sí.
Sabes que esta foto estuvo a punto de no existir, Y si existe es porque los dos tuvimos la culpa. ¡Que comentario tan misterioso! Algún día contaremos la verdad. El pueblo debe saberlo.
Un abrazo.
Javier

39escalones dijo...

Qué susto hasta que he visto el número de la calle...
Supongo que conoces la casa Usher de Poe. Pues eso.
Un abrazo

Juan Calderón Matador dijo...

Amigo Marcos, ¡cuánta vida y cuánta muerte ocultas tras los muros de las casas!Precioso el conjunto de poema, tuyo, y fotografía de Arvikis. Un abrazo.

Myra dijo...

A mí no me inspira ningún temor este poema,más bien todo lo contrario. Una enorme melancolía, añoranza de tiempos pasados. Casas con vida propia.

Precioso.
Un beso

roberto dijo...

Genial poema y maravillosa fotografía, combinan la mar de bien.

Y muy majas las fotos de la entrega de premios.

Yasenka dijo...

Que placer leerte!!!! Me he trasladado desde Miguel Servet, hasta esas casas abandonadas de cualquier pueblo, que se mantienen en pié, sin que parezca importarles el vacío que les ocupa!! Precioso poema, Marcos!!!!

David dijo...

Marcos muchas felicidades por el poema y por supuesto por el premio.
Hay algo en la foto que acompaña a tus versos que efectivamente me retrotrae a algún paseo por la calle Miguel Servet ¿No sera ese nº 20 el del antiguo matadero?
Bien podría serlo por el tono del poema.

Clementine dijo...

Qué fácil parece contigo lo que en realidad es muy difícil. Entrada al completo de lujo, Marcos, y buenos recuerdos esas fotos de la entrega de premios. Besos, ilustre poeta.

Marisa dijo...

La casa, cobijo del alma en la poesía renacentista, cobija los recuerdos muertos de guerras sin final, trémulos escarceos en un portal, mieles de aromas que el tiempo enmoheció.
Casa y cuerpo, ambos unidos al cordón umbilical del pasado, ambos padeciendo la severidad de la mirada del tiempo.

Brillante poema, Marcos. De tu producción poética, es uno de los que más me gustan. Esa primera estrofa cerrada con un sujeto arrastrado hasta el mismo final, me ha parecido sublime.

Besos.

Marcos Callau dijo...

Si no llega a ser por ese cambio de billete y esa visita rpeentina a "entre vías" jejeje Habrá que explicarlo, sí. Tu fotografía es magnífica, aunque dudé cuál escoger d etodas las que hay en tu blog, sobretodo con la última de todas. Un abrazo, amigo Javier-Arvikis

Comprendo el susto que te has llevado, Alfredo jejeje Todo está hecho con la más sana de las intenciones, dicho sea de paso. Un abrazo.

Fotografía y poesía siempre son un binomio bien avenido. Aunque, en ciertas ocasiones, la poesía es tan visual que no necesita más imagenes en otras creo que la conjunción de las dos es necesaria. Escribí el poema antes de ver la fotografía pero ahora no lo pùedo concebir sin ella. Un abrazo, Juan.

Es otra visión, Myra, quizá más cercana a mi voluntad al escribirlo. Te agradezco mucho tus palabras. Besos.

Me alegra, Roberto que te haya parecido así. Las fotos de los premiso para los grandes ausentes, como tú. Un abrazo.

El placer es tenerte comentando en este blog, Yasenka. Es verdad que en los pueblos podemos encontrar grandes ejemplos de casas enmohecidas. Besos.

Gracias David. El númeor 20 corresponde a una casa semi-abandonada y polvorienta pero no al Matadero que está situado en la acera contraria y algo más arriba. De todas formas el edificio del matadero también es digno de algún poema. Un abrazo.

Se hace fácil al tener comentarios tan generosos como los que encuentro aquí, Clementine. Gracias y mil besos.

Marisa, tus comentarios son, en sí mismos, otros poemas...ya sabes que siempre te lo hhe dicho. Por otra parte, aprecio mucho tus palabras y hoy me has llegado al alma, todo hay que decirlo. Mil millones de gracias Marisa. Besos.

Raúl dijo...

La foto hace inquietante a la casa, el poema la redime.

Manchas de tinta dijo...

Bonito poema y bonita fotografía. Me ha picado la curiosidad, buscaré el número 20 de Miguel Servet. Ya lo he dicho otras veces pero insisto: cada vez escribes mejor.

Marcos Callau dijo...

Interesante tu punto de vista, Raúl. Gracias.

Hola Manchas, eres muy amable. Espero que el número 20 no te decepcione. Un abrazo, amigo!

♥ ♣ ֵֶєρσ¢ค ∂σяค∂คֵֶ♣ ♥ dijo...

Wauu, magnífico Marcos...particularmente este poema me ha encantado. Siempre me causó curiosidad, las casas antiguas, abandonadas, deshabitadas o como queramos llamarlo. La forma en que describes su existencia hasta el día de hoy, que permanecen erguidas ante nuestros ojos, en un mundo diferente, como si fueran extrañas...
Me ha encantado! Otro besito para tí.

Marcos Callau dijo...

Muchas gracias, Época Esas viejas casas guardan algo de misterioso y de conexión inevitable con los viejos tiempos, buenos o malos. Gracia spor pasar y por tu dedicación. Besos.