jueves, 13 de octubre de 2011

Kilómetro 124


Ya las montañas no recortaban su grotesco perfil en el caótico entretejido nocturno que caía sobre el kilómetro 124, en la carretera de Monrepós. Bajo la tibia luz de una luna llena de tristeza, al ritmo fúnebre y monótono del lejano sonido de algún ave nocturna, Álvaro Ramírez Yáñez seguía aferrándose al pasado, precisamente, para librarse de él. El rostro desencajado por un esfuerzo sobrehumano, las manos a cada momento más fuertes; entre ellas, su presa, intentando en vano capturar una brizna del escaso viento en una noche tan quieta. Dicen que una orquídea, a pesar de parecer demasiado humana, no deja sentir ningún latido al ser apalstada. Sin embargo, entre las manos de Álvaro, los latidos de Laura, aunque más intensos, iban disminuyendo al ritmo que la vida se convertía en un fino hilo que escapaba por una mueca terrible. Álvaro no quería mirar el rostro agonizante de su amada víctima, prefería recordarla más bella mientras seguía apretando, cada vez un poco más fuerte, hasta escuchar ese ansiado chasquido que anunciaría la ruptura de la tráquea. Laura ya era un pez fuera del agua, boqueando y haciendo aspavientos sin senido con brazos y piernas hasta que, al fin, la quietud, los labios subidos de tono y los ojos que observan como sólo observan los muertos, dejaron claro que Álvaro debía soltar el cuello de su víctima. Era su primer asesinato. Separó las manos del cuello y el cuerpo de Laura se desplomó en el suelo dejando al descubierto sus preciosos muslos y el comienzo, un poco más arriba, de ese tanga rosa que tantas veces había retirado. Buñuel tenía razón -pensó Álvaro- la muerte es bella. Para advertirlo sólo había que observar el cuerpo inerte de Laura. Ante ella, Álvaro se agachó para embriagarse por última vez del perfume siempre húmedo en sus cabellos. Besó su cuello, que aún conservaba la huella de sus dedos y después rasgó el vestido para dejar al descubierto sus espléndidos, inhiestos y endurecidos senos. No pudo resistir la tentación y los mordió por última vez, a modo de despedida. Seguro que Laura, después de todo, había disfrutado del momento. Siempre había preferido el sexo violento. Cuanto más duro, mejor, solía decir. Así que Álvaro sentía que había cumplido uno de sus deseos más bajos, aunque con ello hubiera acabado también con su vida. Después de observar el cadáver poco más de media hora, terminó introduciendo el cuerpo en el maletero de su coche y a varios kilómetros del lugar, en un anónimo descampado, le prendió fuego.

Se cumplía un año del asesinato de Laura, en el kilómetro 124 de la carretera de Monrepós. Al pie de la misma cuneta en la que fue estrangulada, un camionero que intentaba descansar sus horas necesarias, creyó ver repentinamente cómo la luna se avalanzaba sobre él; al mismo tiempo, un deportivo rojo perdió el control, pasó fugaz por su lado y cayó terraplén abajo. Con el coche destrozado en el abismo, el camionero pudo observar que la supuesta luna ascendía de nuevo al cielo pero, esta vez, convertida en una sombra blanca con silueta de mujer. A la mañana siguiente los periódicos identificaban a Álvaro Ramírez Yáñez como la única víctima de un accidente de tráfico en el kilómetro 124 de la carretera hacia Monrepós. Días más tarde, el testimonio de un camionero anónimo, resucitó el antiguo misterio conocido como la mujer de la curva.

27 comentarios:

Manchas de tinta dijo...

Qué tétrico te encuentro. Se nota que se acerca la noche de difuntos.

Marcos Callau dijo...

Sím, es verdad... pero no lo había pensado. Un abrazo, Manchas. No saldremos por la carretera esa noche.

Antonio Callau Pérez dijo...

me ha encantado este relato gran atmosfera que te mete en la situacion se podria rodar una pelicula un abrazo de Antinio

Francisco Machuca dijo...

Duro,emotivo y escalofriante,amigo.
Un fuerte abrazo.

Marcos Callau dijo...

Gracias Antonio, pero creoq ue se han rodado demasiadas películas sobre este tema jejeje. Un abrazo!

Qué alegría verte por aquí, amigo Paco. Me alegra un montón que te haya gustado. Un fuerte abrazo!

PEPE CAHIERS dijo...

Los muertos deberían de tener la oportunidad de vengarse de sus verdugos. Buen relato, poético y terrible.

ethan dijo...

Muy bueno. Me suena a un caso real (¿te basas en él?) que recordaron en Cuarto Milenio hace ya tiempo...
Un abrazo!

Licantropunk dijo...

Buenísimo. De hecho cada uno de los dos párrafos podría ser un relato por sí sólo. ¿Qué?, ¿preparando Halloween? Tétricos andamos.
Saludos.

ARVIKIS dijo...

Bueno yo diría de Hitchcock a Brian de Palma, parece que nos ha afectado la luna llena .Muy bien.
Un terrorífico abrazo.
Javier

mi nombre es alma dijo...

¿Para cuando un fantasma que ayude a salvar a los conductores? Los tenemos encasillados, sonrío.

Un abrazo de vuelta

miquel zueras dijo...

Hombre, Marcos, dsede luego has salido bien airoso con ese cambio de registro. Terrorífico relato y muy bueno. Me encantan las leyendas de apariciones fantasmales en la carretera. Ahora yo te propondría un relato muy negro y clásico, al estilo Raymond Chandler, seguro que te quedaría estupendo con una banda sonora de jazz. Abrazos. Borgo.

Marcos Callau dijo...

Ahí está, Sr. Cahiers, la venganza de la mujer-fantasma de la curva. Graicas. un abrazo.

No, Ethan. Realmente no me baso en ningún hecho real. Pero, vamos, estas noches he leído "El resplandor" y quizá me haya "esplendido" este relato. Un abrazo.

Pues no, realmente Licantropunkm, nme enteré de que se aproximaba la noche de difuntos porque me lo comentó Manchas de tinta pero nada más. Me alegro que te haya gustado. Abrazos.

Sí, Javier... la luna llena se derrama implacable. Sobretodo en carreteras vacías. Abrazos.

Sí, pobres fantasmas. Y eso que Casparín se esforzó en lavarles la fama. Gracias por volver Alma. Un beso!

Un relato a lo Raymond Chandler me apetece mucho pero, las veces que lo he intentado me ha quedado demasiado descafeinado. Gracias Miquel. un abrazo.

roberto dijo...

Buen relato, y que la luna te siga inspirando...

Marcos Callau dijo...

Ahí estamos Roberto... Esas lunas!!! Un abrazo!

♥ ♣ ֵֶєρσ¢ค ∂σяค∂คֵֶ♣ ♥ dijo...

Por un momento me he preguntado si éste habia sido un caso real...Menos mal que no, aunque de todos modos, los pelillos siguen de punta...jo, y dando gracias a dios que es de día! jaja..Genial Marcos, si es que te vayas por donde te vayas...tienes buena mano escribiendo!, ...bueno...siempre que no te vayas por ese kilómetro 124! :)
Más besitos muak!

MucipA dijo...

Me sonaba esta historia de La mujer de la curva, pero tu enfoque engancha mucho y sorprende al final. Además tiene un toque poético que te caracteriza. ¡¡APLAUSOS!!

PD: el fin de semana pude escuchar tu entrevista del anterior post y fue bonito conocer tu voz y saber más cosas sobre tus blogs. No te pude escribir, pero te lo digo ahora: ¡¡ENHORABUENA!!

Myra dijo...

Hola, Marcos. Un tema muy distinto a los tratados por ti. Haces que el lector se meta en la historia y casi llegue a verla y sentirla.
Me ha encantado.

Un beso

Marcos Callau dijo...

Si alguna vez esto se convierte en caso real, ya podemos rezar aunque seamos agnósticos. Gracias Época. Besos.

Gracias Mucipa por tus palabras y por escuchar el post anterior. Me alegro que te haya gustado esta historia. Besos.

Hola Myra. Me alegran mucho tus palabras. Gracias!

Einer dijo...

Muy bueno, Marcos. Lo que más me ha gustado es el comienzo. Muy buena la narración del crimen.
Un saludo.

Marcos Callau dijo...

Gracias Einer, quizá el final sea más típico. Me alegro que te gustara. Un abrazo.

Einer dijo...

Qué va, tío. No he querido decir que el final sea malo, es que el comienzo me ha gustado mucho, pero todo el relato está muy bien.

39escalones dijo...

Como dice alguien por ahí, sí, me suena a caso real, pero bastante más terrorífico que éste. Y con otra/s víctima/s.
Un abrazo

Marcos Callau dijo...

Sí, Einer ya lo sé pero creoq ue se han escrito tantas historias de "la mujer de la curva"...que casi resulta típico todo lo que se escriba. Un abrazo.

Pues no es real, de verdad Alfredo jejeje. Un abrazo!

Yuri Zhivago dijo...

En el año 85 fue la primera vez que con mi Peugeot 205 subí el puerto de Monrepós dirección a Jaca,en aquella época era una carretera estrecha y con muchas curvas.Otras veces lo hice por la noche y desde Huesca,a veces con niebla y con el riesgo de llevarme por delante algún jabalí pero nunca tuve la suerte de encontrarme con Laura.
Un abrazo

Marcos Callau dijo...

Jejeje... suerte? Bueno, Yuri antes la carretera de Monrepós era infernal, no como ahora que parece una autopista. Siempre se suele encontrar niebla, la verdad. un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Enviáselo a Íker Jiménez, compa Marcos, y verás cómo te convierte en una celebridad… Chistes malos aparte, te ha quedado muy, muy resultón; no se te da nada mal ambientar historias en atmósferas morbosas y pelín terroríficas: felicidades.

Un fuerte abrazo y buen día.

XiscoBernal dijo...

Yo propongo la música ver más en "http://caplamusica2012.blogspot.com/"