viernes, 15 de julio de 2011

No way out (Joseph L. Mankiewicz. 1950) y nuevo número de Cineuá

Sidney Poitier (como el doctor Brooks) encañonado por Richard Widmark (como el delincuente Ray Biddle)

Muy gratamente me ha sorprendido esta película que he visto por primera vez y que significa el debut ante las cámaras del estupendo actor Sidney Poitier, después de unos pequeños trabajos como extra. En Un rayo de luz (título de No way out para el público español, aunque más parezca una peli de Marisol) Poitier es el Doctor Luther Brooks, encargado de la sección de presidiarios, en uno de los más importantes hospitales de la ciudad donde, además, destaca por ser el único médico afroamericano (con lo que ello significa en plenos años cincuenta). Hasta este hospital llegarán con una superficial herida de bala, tras una tentativa de atraco en una gasolinera, los hermanos Johnny (Dick Paxton) y Ray Biddle (Richard Widmark), un par de rateros que intentaban escapar de la policía. Lamentablemente Johnny llega hasta el hospital moribundo a causa de un tumor cerebral que nunca ha sido tratado. En un intento desesperado, el doctor Brooks intenta salvarle la vida pero Johnny muere en sus brazos. Ray Biddle ha presenciado todo, desde la cama de al lado y decide que el doctor Brooks ha asesinado a su hermano. Para aclarar los hechos Brooks pide a su superior, el doctor Wharton (Stephen McNally), la autopsia del cadáver para la cual se necesita el consentimiento familiar. Pero Ray prefiere dar por hecho que el doctor Brooks es el asesino de su hermano, no autorizar la autopsia y de esta manera acrecentar su odio hacia él y hacia todas las personas de su misma raza.
Richard Widmark y Sidney Poitier en un momento de tensión durante la película
El doctor Brooks y el doctor Wharton recurren entonces a la viuda de Johnny Biddle, Edie Johnson (Linda Darnell), que resulta estar divorciada legalmente de su marido desde hace más de un año y además, haber sido amante de Ray Biddle. La historia se complica cuando Ray Biddle decide poner en marcha un plan de venganza, convocando a los matones de la barriada donde nació, para llevar a cabo una emboscada en el barrio negro de donde el doctor Brooks procede. Los hechos se desencadenarán una noche fatal en que los heridos llegan en oleadas al hospital mientras el doctor Brooks decide entregarse a la policía como asesino de Johnny Biddle para así obligar a que se realice la autopsia.
Edie Johnson (Linda Darnell), acompañada por el Doctor Wharton (Stephen McNally) en la noche de la emboscada, ante la siempre comprensiva mirada de Gladys (Amanda Randolph), que trabaja en la casa del doctor.

Joseph L. Mankiewicz se sirve de esta historia para criticar abiertamente la sociedad norteamericana, el racismo que se vivía en los años cincuenta (y que lamentablemente se prolongaría durante décadas) y para ofrecer una historia que nos muestra las tensiones, las luchas entre el bien y el mal. Edie Johnson, en una excelente interpretación de Linda Darnell, representa a esa persona que se mueve entre dos aguas y a esa pequeña parte de la sociedad que quiere despojarse de ridículos prejuicios, abandonar el oscuro pasado y abordar un cambio de actitud. Creo que, como casi todas las películas de Mankiewicz, no fue valorada en su justa medida durante su lanzamiento ni fue acogida por el público norteamericano de manera adecuada. No obstante se trata de una excelente película, sin los densos diálogos por los que Mankiewicz muchas veces es criticado y con un excelente plantel de actores. Cabe destacar el papel de Amanda Randolph como Gladys, criada en la casa del doctor Wharton, sobretodo en una escena en la que mantiene una conversación matinal, durante el desayuno, con Edie Johnson. Mildred Joanne Smith es la actriz que encarna a la esposa del doctor Brooks, que nunca pierde la esperanza en esa sociedad inhóspita, mientras que la madre está representada por Maude Simmons en un papel también muy emotivo.
El doctor Brooks (Sidney Poitier) y su esposa Cora (Mildred Joanne Smith)
Y para seguir con el mundo del cine anunciar que ya ha salido el nuevo número de Cineuá dedicado a las sagas con los siguientes artículos:

· Editorial: que todo cambie para que siga igual

· La trilogía de los muertos: la historia de Occidente, por Vicente Rodrigo

· El homicidio como evasión: Tom Ripley según el cine, por Carlos Abascal Peiró

· Screen test: la saga infinita, por Vicente Rodrigo

· Platillos volantes, ranchos y lirismo barroco. La Tempestad de William Shakespeare en seis películas, por José Ángel de Dios

· Fantasma: la saga imposible, por Vicente Rodrigo

· Su nombre era Antoine Doinel, Por Aarón Rodríguez Serrano

· Mad Max: salvajes del subdesarrollo, por David Tejero

· Jackass: tiempos modernos, por Nicolás Ruiz

· C’était un rendez-vous 2, por Nicolás Ruiz


martes, 12 de julio de 2011

Arquitectura natural, un poema a una pintura y otro a la madrugada

Trazando las líneas definidas
de un amor completo,
lleno de color,
pleno en contorno,
siempre y de manera irremediable
se reduce, al final,
el dibujo en bosquejo,
cuando implacables surgen
los límites del lienzo.

Allí donde, fuera del marco,
gana la naturaleza el paisaje urbano,
ante los ojos atónitos del pintor
y se adentra en la ruina;
allí donde el sol irrumpe
por un tejado desquebrajado,
donde hiende el dolor
existe la luz.

De un beso marchito
se guarda el silencio
y de ese silencio
renace la vida.


Arquitectura natural, de Javier Peribáñez Suñén
 En el Café Easo, (C/ San Vicente de Paúl, 4) se expone la obra pictórica de Javier Peribáñez Suñén hasta el día 30 de julio.





Preludio del sueño


Cuando la ciudad
ha logrado zafarse de la noche
y del día,
hacia ninguna parte
o ese limbo que es la madrugada,
la luna es medio limón pálido
aterido y reposado
en el último tejado
que ha podido descifrar
el alma en vigilia


Los pequeños últimos suspiros
del mundo, cuando todo está en calma,
es la canción de cuna
para un hombre que trasnocha
por esperar lo que ignora.


Quizá esa persiana vencida por el sueño
o ese neón que deja de iluminar, de repente, 
la avenida de los coches sin garaje.
Quizá unas voces, unas risas
o el sonido de una riña lejana,
quizá un vaso
que estalla contra el suelo.


Todo es el conjunto y la armonía
de una orquesta que interpreta
esa suave canción
que es el preludio de un sueño.

sábado, 9 de julio de 2011

Última llamada (poema)


Última llamada

Discreto, por las callejuelas de la madrugada,
el demonio disfrazado
ha anegado los últimos resquicios del recuerdo
ahora que las trampas
saben a miel
y los atardeceres a derrota.

¿Dónde se encuentra el albergue del caminante,
el manantial a la sombra de los pinos?

¿Dónde se expande la mañana,
dónde ríe un niño?
¿Dónde estás brillando, luciérnaga,
cuando el hombre se consume como un fósforo?

Desde la noche rumorosa te escribo,
mi último acceso de luz,
desde el lugar donde las sombras
son lobos hambrientos que se revuelven,
este último intento es una agonía
para saber
si la soledad se alimenta de su vacío

Dime
¿Dónde caminas hoy, mi último candil?
¿Qué sonrisas nuevas alimentas?
¿Qué nuevos ojos de noches cerradas
han conocido la luna llena en tus pupilas?
¿Qué lengua muerta has resucitado
en el torrente silábico de tus besos?

Dime,
ahora que disfrazado el demonio
ha borrado tus huellas,
¿dónde amanecerá mañana
el último sueño
en que pronunciaste mi sombra?



Y ahora, un poquito de música nocturna: Last call (la despedida musical de Chris Rea)


AÑADIDO:
Esta noche he recibido la triste noticia, por parte de Abril, del fallecimiento de nuestro amigo bloguero AN-RO. Aunque esta entrada estuviera programada antes de conocer este suceso, no quería dejar de recordarlo aquí y transmitir un fuerte abrazote (de esos que él siempre nos deseaba) para toda su familia y para todos los que tanto hemos sentido su pérdida.
Y para ti, Antonio, allí donde nos leas, un abrazote.

jueves, 7 de julio de 2011

Segundas partes nunca fueron buenas

Calle San Agustín, Pamplona


Segundas partes, nunca fueron buenas

Eran días sofocantes y tardes tan calientes que la tierra gritaba auxilio y se revelaba en forma de polvareda por todas las calles. En los aledaños de la plaza, los turistas, enrojecidos como sus pañuelos, descansaban en sus radiantes ropas blancas. Todo aquello resultaba demasiado familiar pero la posibilidad de una segunda oportunidad parecía muy tentadora como para ser rechazada. Sus cansados huesos yanquis llegaron hasta el mismo bar que habitaron la última vez. Allí pidió una botella de coñac y aguardó esperanzado en que, esta vez, todo saldría bien. Próximos a su mesa, de nuevo aquella tierna pareja, conversaba nada más que vaguedades. El americano solo era un espectador.

Por ella, los años habían pasado haciendo justicia y aunque los tiempos de juventud eran muy añorados, se podía apreciar la esbelta figura de una señora muy elegante.
-Jake, sabes que te quiero
-Ha sido un encierro espectacular –respondió él con la mirada fija en su vaso medio vacío, intentando desviar el tema de la conversación.
- No cambies de tema, querido. Sabes que siempre debímos volverlo a intentar. Por favor, compréndelo. Guardó silencio, esperando encontrar la mirada compasiva que hacía años había perdido y atacó definitivamente. Por última vez.  ¿Quieres empezar de nuevo conmigo?

Jake apuró el resto de su copa, se levantó y dijo adiós. Salió del bar y desapareció para siempre por la Calle de San Agustín. Brett escondió el rostro entre sus pequeñas manos, suspiró levemente y también desapareció, camino de su habitación, como un sueño que queda incompleto.

El americano quedó solo y pensativo en aquel bar. Comprendió que hay finales que nunca podrán ser felices por muchas veces que se vuelvan a escribir. Finalmente, hastiado ya de tanta amargura, agarró su escopeta y de un tiro se suicidó.

FIN
El pasado sábado, dos de julio, se cumplieron cincuenta años de la muerte de Ernest Hemingway. Este relato está dedicado a esos dos insólitos personajes que Hemingway diseñó para su obra La fiesta, Brett y Jake.

Ernest Hemingway en sanfermínes

lunes, 4 de julio de 2011

The stranger (Orson Welles. 1946)

Orson Welles en su ambiguo papel de The stranger
Desde que se celebró la última sesión anual de Libros filmados, a la que lamentablemente no pude acudir, esta obra maestra del señor Welles quedó pendiente en mi haber pues la había visto hacía tanto tiempo que no la recordaba con claridad. De hecho, solía confundirla con The third man (Carol Reed. 1949). Así que, en estos días, he tenido que ver las dos para aclararme un poquito. No obstante, hoy hablaré de The stranger y si queda alguien que no la haya visto todavía, podrá seguir leyendo tranquilamente porque nada importante sobre su final será revelado aquí.
La sombra de Kindler se alarga hastas la cama donde le espera su esposa
 Esta película resulta trepidante desde el ritmo que se establece en su comienzo, cuando vemos a un hombre aparentemente insignificante, huyendo a un país extranjero al que entrará alegando que viaja por motivos de salud. Este hombre llamado Konrad Meinike (Konstantin Shayne), en una secuencia que es un torbellino de luces y sombras, es perseguido por varias personas que le acechan. Meinike consigue llegar hasta Harper, un apartado pueblo de Connecticut, donde al parecer, desea encontrarse con un antiguo camarada. Aparentemente ha conseguido despistar a todos sus persecutores excepto al detective Wilson (Edward G. Robinson) que todavía está sobre su pista. Pero, al entrar en un recinto universitario vacío, Meinike consigue agredir a Wilson y dejarlo fuera de combate. Una vez liberado de su persecutor, se encuentra con Franz Kindler (Orson Welles), antiguo compañero de las SS alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, que vive tranquilamente en Harper, habiendo cambiado su identidad por la de un amable profesor llamado Charles Rankin.
Konstantin Shayne en el papel de Konrad Meinike
Meinike aparece en escena justo el día en que Kindler, bajo la identidad falsa de Dr. Charles Rankin, se dispone a contraer matrimonio con la hija de un juez de la Corte suprema de los Estados Unidos, Mary Longstreet (Loretta Young), para seguir aparentando así una vida normal. En ese primer encuentro y justo antes de la boda, Kindler asesina a Meinike al comprender que este solo ha servido de señuelo para que la comisión de crímenes de guerra, encarnada en el detective Wilson, de con su paradero.
Escena del asesinato de Meinike. Ambos individuos se encuentran rezando y Kindler, mientras implora la piedad de dios, estrangula a su antiguo colega
 Una vez recuperado de la agresión, Wilson decide realizar sus primeras pesquisas empezando por el curioso bar de la ciudad. Wilson sabe que Kindler es un aficionado a los relojes antiguos por lo que decide presentarse en la casa del juez Adam Longstreet (Philip Merivale) aparentando ser otro coleccionista de antiguedades. Invitado a cenar en la casa del juez, Wilson coincidirá en la mesa con Kindler quien aparenta ser el profesor normal por el que se hace pasar. Sin embargo, la charla de sobremesa deriva a la política nazi y es en este punto donde Kindler comete una imprudencia al defender que Karl Marx es judío y no alemán. Esa distinción, que solo sería capaz de hacer un nazi y una actitud cada vez más sospechosa, es la excusa para que Wilson comience a investigar todos los movimientos de Kindler.
Aquí Wilson, sospechando
Loretta Young interpreta perfectamente a una esposa recién casada, enamorada e ilusionada que, a pesar de unas sospechas cada vez más claras, no quiere afrontar la realidad. La tensión de su mirada, en esos grandes ojos claros, va aumentando a medida que avanza la película de forma espectacular. Orson Welles, uno de mis intérpretes favoritos de todos los tiempos, es aquí el asesino cruel que ideó el genocidio y enloquecido por el paso del tiempo, aún confía en el resurgimiento del nazismo. Quizá sea por esta razón que Welles realiza aquí una interpretación más teatral que lo acostumbrado, aunque siempre su manera de actuar es más cercana al teatro. Pero el personaje que más me gusta de toda la película es, sin duda, el detective Wilson. El actor todoterreno, Edward G. Robinson, vuelve a dar con el papel más creíble de toda la cinta. Ya pudiera ser un gángster sanguinario, un detective inteligente o un incauto pintor enamorado de una mujer fatal, Robinson siempre estaba perfecto en cualquier papel que afrontase. Mi admiración por él crece día a día.
El desarrollo de la escena final tiene lugar en el campanario de la torre del reloj
Fotografía publicitaria
Kindler, dentro de una cabina telefónica, está apunto de delatarse

viernes, 1 de julio de 2011

Llegado de otros tiempos



Recuerda
cuando la noche era insuficiente
y el día escaso.
Recuerda
cuando eras una mancha gris,
apenas definida,
paseando de la Calle Estudios a Cortesías
y bajo esa torre mudéjar de la Magdalena,
recuerda cómo urdías
todos aquellos versos que no se debían escribir.


Solo soñabas, pero eras entonces
un cuerpo vacío
formado con rastrojos de otoño.
Solo soñabas entonces pero fuiste,
a fuerza de los golpes que otorga la vida,
la marca o señuelo al que regresar
si se bifurca el camino.


Recuerda
las horas grises
de lunas oscuras.
Si te lo hubieran preguntado entonces
no hubieras apostado
ni un gramo de vida
por la felicidad conseguida
en esta amarga ciudad cercada.


Sin embargo ahora, dichoso
y ante un café humeante de la Urbana,
anhelas, con todo lo que tienes hoy,
recuperar algo que dejaste prendido 
y ahogado 
en aquellos viejos tiempos aciagos.

miércoles, 29 de junio de 2011

Video-poema. Javier López Clemente recita el poema "Mujer sola"


Algunas veces, rastreando por la blogosfera, encuentras verdaderas sorpresas realmente gratas y regalos inesperados de personas especialmente generosas. Estos raros milagros suceden muy de vez en cuando pero, el momento en que llegan, se reciben como si fueran una inyección de gasolina que te ayudan en la nunca sencilla tarea de continuar con esta aventura. Por eso hoy, desde este blog, creo necesario agradecer a Javier López Clemente (incansable promotor de la cultura en Aragón) el detalle de recitar el poema Mujer sola que escribí ya hará cosa de un año. El resultado es un video-poema con música de George Gershwin interpretada por un lánguido saxofón. Mis agradecimientos a Javier, a Sonolópez y a los actores Celestino y Adrielle. a continuación, el video-poema:


El próximo viernes, día uno de julio, a las 20:30 recitaré precisamente este poema y otros más junto al escritor Ricardo Díez en Tarazona (en la Sala Albiana, Avda. Navarra, 2), dentro del programa "Literatura en el cuarto espacio" financiado por la DPZ. Nos vemos!

lunes, 27 de junio de 2011

Pequeñas-grandes joyas del cine español: El crack (José Luis Garci. 1981) Alfredo Landa se recicla

Alfredo Landa como el detective Germán Areta. Fotograma de la película
Después de disfrutar de unos días desconectado del mundo virtual en una ciudad majestuosamente antigua he decidido volver a la blogosfera para hablar de una película que vi por primera vez justo antes de este miniperiodo vacacional. Un buen motivo para zafarse del infierno que nos acosa en todas y cada una de nuestras calles es sin duda disfrutar de una deliciosa tarde de sofá y buen cine. El crack, de José Luis Garci me parece una más que recomendable opción.
Germán Areta (Alfredo Landa) y El moro (Miguel Arrellán)
 Año 1981. Este que escribe nacía en ese mismo año así que no pudo vivir por experiencia propia el ambiente del Madrid de los años ochenta que muestra Garci y fotografía excelentemente Manuel Rojas. El comienzo, como toda buena película policíaca, es muy rápido y nos presenta al detective Germán Areta (Alfredo Landa) volviendo a casa por las calles nocturnas madrileñas en su Simca 1000, después de lo que suponemos una dura jornada de investigación. Con una rápida y contundente escena llena de tensión, en dos pinceladas, el espectador llega a conocer perfectamente la personalidad de Areta. Esta escena sucede en lo que parece un pequeño bar de carretera. Areta se encuentra allí cenando en una mesa que hay al fondo del local cuando irrumpen en él dos atracadores y amenazando al camarero con una navaja, se hacen con la recaudación de la caja. Acto seguido uno de los ladrones irá requisando una a una todas las carteras de los pocos clientes que a esa hora ocupaban el bar hasta que llega el turno del detective. Hasta ese momento Areta había seguido disfrutando de su cena mientras se producía el atraco, observándolo todo con tranquilidad y sin preocupación. Pero cuando uno de los atracadores se dirige a su mesa, Areta desenfunda su pistola y se hace con el control total de la situación. Recupera la recaudación de la caja y las carteras robadas a los clientes pero, en lugar de llamar a la policía, deja que los rateros se larguen. Cuando los atracadores se han marchado Areta pide el postre.
 Con esta escena que bien pudiera ser también de un típico western, Garci nos presenta a su personaje Germán Areta como un hombre que solo trabaja por dinero y que intenta pasar desapercibido,  sin meter las narices en los asuntos que no le encargan. De esta manera tan insólita, Alfredo Landa se muestra ante el público con un papel muy diferente a los que hasta entonces había interpretado y el personaje de Germán Areta representa así un punto de inflexión en su filmografía en la cual, posteriormente, veremos películas tan duras como Los santos inocentes, Sinatra o tan dispares como Por fin solos o Historia de un beso.
 En El crack los servicios de Germán Areta son solicitados por un padre que quiere encontrar a su hija antes de morir. Germán y El moro (Miguel Rellán) , su ayudante, comenzarán así a adentrarse en una historia muy confusa, repleta de silencios, un oscuro túnel en el que ninguna pista arroja un tímido atisbo de luz. Sin embargo Germán pronto advertirá el gran número de intereses que se despiertan a su alrededor para que abandone el caso, incluídos algunos de sus antiguos compañeros de la policía. En este momento la historia recuerda vagamente a El sueño eterno para dar paso después a un giro inesperado que la conectará directamente con Los sobornados de Fritz Lang.

 Con esta incursión en el cine negro, Garci homenajea a Dashiell Hammett y nos muestra una trama que bien pudiera estar diseñada para su personaje Sam Spade. La historia de Garci y Valcárcel, además, nos muestra el Madrid de los años ochenta, la espléndida Gran Vía llena de luces de neón conectada abiertamente, al final de la película, con Times Square de Nueva York, lugar donde se desenlaza toda la historia. El crack gozó de cierto éxito, tanto es así que Garci decidió realizar una continuación con El crack II, pero lo más destacable de esta película, sin duda, es la reconversión y recuperación de Alfredo Landa para el cine español. El crack ha sido para mí una grata sorpresa.


La Gran Vía madrileña en El crack

domingo, 19 de junio de 2011

Tres poemas nocturnos y un saxofón

 Dancing in the dark (Cannonball Adderley):


Sin título


A través de la niebla
la noche en vela
va cruzando el bar.


Yo solo soy un barco varado,
amarrado al astillero de una barra
cuyo final se desvanece, diluído,
detrás de la noche.


Quiero protestar 
pero tantos versos
me dejaron mudo.
Deseo mirarte
pero el humo de tu ausencia
me ha dejado ciego.


El cielo se cierra y se leja,
inalcanzable,
como un callejón sin salida.
Yo permanezco debajo, amenazado,
como un blanco fácil.


Esta noche estoy demasiado cansado.
No dormiré en casa.





Sedimentos


La mar en calma, mar rizada,
tan leve como tu cabello
cuando está enfurecido
deja en su retirada, de anochecida,
todos los esqueletos del océano
y todas las cuencas vacías
de las que, una vez, se fugó la vida.


Yo atesoro, uno a uno,
sus pequeños huesos como pequeños versos,
momentos,
para que una vez en la ciudad
me susurren
la brevedad de este poema





La última campana


La soledad fue un cielo de cemento
que se rompió
tras el tañido de la vieja campana
celebrando así los primeros versos,
que fueron besos,
sobre la media luna de tu espalda.


Quizá este instante
llovió alegría sobre tus labios
saciando mi sed
Quizá tu sangre, entonces
y la mía
fueron una sola cosa
por un instante


Pero desde esta barra de bar
que se diluye al final de la madrugada
en una nueva espera incógnita;
desde esta noche menos,
en el hueco de tu cama,
diviso aquella vieja campana
desquebrajada sobre la arena.


Se borraron ya todas las huellas.


Un plañido en el viento
está ahogado por el olvido
y el ruinoso campanario
ha quedado mudo.


Desde este silencio sombrío
yo, sigiloso,
me adentro en tu catedral.
Fotografía de Antonio López Pérez del blog Afotando
 Y así me despido por unos días de voluntario retiro vacacional en el que intentaré estar desconectado del Mundo-Blog. Hasta la vuelta!

AÑADIDO NECESARIO: HA MUERTO CLARENCE CLEMONS
Fotografía reciente de Clarence Clemons

El azar ha querido que hoy, sin tener ni idea de esta pésima noticia, haya elegido el sonido del saxofón para estos poemas. Me acabo de enterar que uno de mis músicos y saxofonistas favoritos ha muerto. Clarence Clemons, miembro de la E Street Band de Bruce Springsteen, ha perdido la vida a los 69 años de edad. Su saxo, sin embargo, nunca dejará de acompañarnos. Les dejo con el tema Jungleland con un solo de Clemons que siempre me ha parecido soberbio:

jueves, 16 de junio de 2011

Noche de guiñol


Embarcaciones en vela
atracadas en los puertos de la noche
desean cruzar el mar.


Dunas de huellas, desdibujadas,
bajo los vientos del desierto
desean formar itinerario.


Tú entonces me miras
y preguntas asombrada
qué hay en el sabor de tus labios
que tanto a ti me ata.
Tus labios,
que al besarlos me dan la vida,
tienen el sabor de la muerte
porque en ellos residen 
las calaveras de los besos antiguos.


Sobre todo este mundo
cierra bóveda la luna.
Y tú, ajena, observas divertida
desde supraceleste alcoba
tu nocturno escenario de guiñol

lunes, 13 de junio de 2011

Robin de los bosques (William Keighley/ Michael Curtiz. 1938)

 Este artículo fue publicado anteriormente en Cineuá y he recordado esta película gracias a la maravillosa reseña que 39escalones  ha escrito sobre  "El capitán Blood" (también con Curtiz y Flynn). También esta entrada está dedicada al amigo Borgo porque hace días nos deleitó con este relato
 

Uno de los géneros cinematográficos que más ha mutado a lo largo de la historia ha sido, sin lugar a dudas, el cine épico o de aventuras. Sin embargo, a pesar de tantos cambios y tantas visiones, resulta difícil hoy en día encontrar un ejemplo más claro y contundente de este género que la película de 1938 Robin de los Bosques. En esta cinta la mano maestra de Michael Curtiz, tras suceder en la dirección a William Keighley, imparte una excelente lección sobre el ritmo adecuado que debe seguir una narración cinematográfica de aventuras. Robin de los Bosques ofrece la consabida historia de Sir Robin de Locksley y la rebelión de los sajones contra el príncipe John de una forma tan efectiva y trepidante que, aún visionada en estos tiempos, no adolece en ningún momento de aspecto alguno anticuado. Sin ir más lejos, las escenas de acción protagonizadas a la perfección por Errol Flynn como herencia directa de las que ya protagonizó en el cine mudo Douglas Fairbanks, son frescas y están llenas de tensión; además la historia está salpicada por ciertas dosis humorísticas y románticas que completan así una cinta inolvidable por varias razones que veremos a continuación. Una de las mejores bazas con las que contó Curtiz para su película fue la excelente labor interpretativa de Errol Flynn como Robin Hood y de Basil Rathbone como Sir Guy de Gisbourne. Este enfrentamiento interpretativo fue dramatizado y plasmado en la pantalla al rodar un fragmento épico en que los dos caballeros disputan un duelo a espada. La escena de esta batalla a vida o muerte es ya mítica, con esas sombras de los dos actores proyectadas por la luz de los candelabros en las paredes del castillo que recrean un efecto visual impresionante para el espectador.

Y ya que hablamos de efectos visuales, es mi deber hacer mención al glorioso aspecto del technicolor ya que fue la primera película rodada con la técnica “three-strip Technicolor” por la Warner Brothers, lo que se tradujo en un coste de producción muy elevado. Recordemos que estamos en 1938, año en que las apuestas por el Technicolor no eran del todo claras. Pero lo cierto es que la cinta está impregnada de un bellísimo colorido en un lujo de ambientación rodado en California y con una excelente labor de fotografía a cargo de Tony Gaudio y Sam Rolito.

Para concluir me gustaría destacar el papel de Claude Rains como el Príncipe John y de Olivia de Havilland como Lady Marian y, de paso, contar una anécdota. La pareja Havilland-Flynn fue una de las más famosas de la pantalla mientras que en la vida real era extremadamente difícil rodar con ellos porque se llevaban a rabiar. En las escenas en que Robin debía besar a Lady Marian, Errol Flynn se atiborraba de ajos simplemente para molestar a su compañera de rodaje. En fin, historias del celuloide. Robin de los Bosques ganó un Oscar a la mejor banda sonora por la música de Eric Wolfgang Korngold, otro al mejor montaje para Ralph Dawson y un tercero a la mejor dirección artística de Carl Weyl. No son pocos premios si tenemos en cuenta que se presentó el mismo año que joyas como Ángeles con caras sucias (protagonizada por James Cagney, que anteriormente había sido propuesto para interpretar a Robin Hood) o Vive como quieras, película reseñada por el Dr. Quatermass en esta revista. Robin de los Bosques es una película obligada para todo aquel que sea amante del cine y para el que quiera descubrir cuál es de verdad el cine de aventuras.

sábado, 11 de junio de 2011

Rimas clásicas: Soneto, coplas y Castellón...

Pintura de Antoine Blanchard
 Flor nocturna


Un café gris pálido, confundido
con el cielo que cubre esta ciudad
y una copa sombría y un tupido
bosque nocturno, mundo sin piedad.


He buscado en un infierno, aturdido,
la más clara luz, brillante verdad
y he caído al barro y me he hundido
salpicado por la realidad.


Mi flor nace esta noche en Place Pigalle
como yo vine al mundo, sin pudor.
Llega del lodo, parto sin dolor.


Como yo esta noche, hambrienta de amor
olvidará aquel antiguo temor
y viviremos cerca del final.

Mouline Rogue por Antoine Blanchard

El pasado domingo el autor Miguel Ángel Yusta publicó en la sección Rincón de coplas del Heraldo de Aragón una de mis coplas acompañada por una emotiva reseña que agradezco y quiero mostrar hoy aquí:





Para acompañar a este artículo, unas nuevas coplas:


"Besos ardiendo en el cielo
de una pasión ya remota
es tu piel atardecida
son estos versos de jota"

"Suena siempre en San Miguel
la campana a los perdidos
pero es que yo siempre escucho
rumor de amores heridos"


"Por la ribera del Ebro
se oye una triste canción.
Ya se detiene este río
para rimarte su adiós"


Y para terminar, viaje fugaz a Castellón:

El pasado jueves estuve en Castellón con motivo de la presentación del libro Quizá mañana (Ed. Boreal 2011). En él se incluyen los 26 poemas finalistas del I Premio Internacional de Poesía "Mariano Sorribas" organizado por Ágora entre los cuales tengo el honor de estar presente con el poema Fin del tiempo que escribo a continuación:

Todos los versos
y cada poema que diseñe en esta noche
llegan ya demasiado tarde.

Cuando todos los andenes despoblados
me hablaban de ti,
tan solo restaba
un cuarto de saeta
para el abismo y el olvido.

Hoy que ya he traspasado
todos los relojes,
escribo desde las tinieblas de tu lejanía
a un tren de cercanías polvoriento
y a tu vacío asiento de al lado.

En Castellón tuve el placer de conocer al autor ganador del Certamen, Pascual Casañ Muñoz, así como a los autores M° Jesús Zapater Muñoz y Marcos Yáñez Velasco

martes, 7 de junio de 2011

"Cerdito de porcelana y otros microrrelatos", el buen gusto por lo breve (Raúl Garcés)

Ilustrado por Manuel Jurado Garrido

El escritor Raúl Garcés fue premiado como ganador del Concurso Esculpiendo historias de 2010 convocado por la Editorial LA FRAGUA DE METÁFORAS con el microrrelato Cerdito de porcelana, de tan solo siete palabras y una coma. Resulta de una dificultad extrema contar una historia en tan poco espacio pero para Raúl Garcés se ha convertido ya en una buena costumbre que lleva a cabo con una aparente facilidad asombrosa. Este premio y el buen gusto por la literatura minimalista le ha llevado a publicar su primer libro titulado Cerdito de porcelana y otros microrrelatos (Ed.FRAGUA DE METÁFORAS 2011) Los relatos de Raúl son ilustrados por el ilustrador Manuel Jurado Garrido. Esta cuidada edición y por supuesto, la calidad de todos y cada uno de los jugosos microrrelatos que nos ofrece este escritor zaragozano, demostrando su sobrado ingenio, convierten a este libro en un pequeño gran tesoro que se puede adquirir aqui .  Y como aperitivo Raúl Garcés nos ofrece uno de los micros que forman esta singular publicación. 

"Como ganado"


Nos lleva como ganado - protesta, asido a la barra, entre acelerones y frenazos en un autobús repleto de gente. El conductor sonríe con malicia. A lo lejos ya se divisa el matadero municipal.

(Autor: Raúl Garcés)

¡Enhorabuena Raúl!
El autor, Raúl Garcés

sábado, 4 de junio de 2011

Tránsito vital


Me gusta pensar
que tú eres el pilar sólido
donde se asienta
el agrietado templo de la existencia.
Pero hay días en que me siento
columna labrada y estirada,
empeñada por llegar al cielo.
Entonces, intento alcanzarte
hasta que consigo ser capitel
teñido en rojo, por tus labios,
coronándome como otro día fugado.

Seré, entonces, un beso
que acabe por derribar el templo
o que lo sostenga en pie una eternidad,
perdurable objetivo del tortuoso camino.
Tú serás helena de melena al viento,
desordenada columnata de orden corintio
que solo me ordene una dirección.

Pero, una noche más,
la hoguera de palomas, ejército del día,
echa a volar detrás del mar Egeo,
perpetuo telón de piedra.
Un día menos, en las sombras,
cualquier paisaje es infinito.

No hay luna suficiente
que ilumine el mármol
de este olvidado Partenón
ni luz tan brillante
que establezca límites
en tus inmensos ojos tristes.

jueves, 2 de junio de 2011

Nuevo Número RAÍCES DE PAPEL (Nº6) y un micro-poema



La nueva edición de la Revista Raíces de papel viene cargadita de sorpresas. Aquí pueden descargarla. A continuación les comento los contenidos de este nuevo número:

ENTREVISTAS:

Julia Gallo Sanz entrevista al ilustrador Jesús Prieto Revuelta
Marcos Callau entrevista al escritor Miguel Ángel Yusta
Marcos Callau entrevista a la artista Begoña Maza Martínez

ARTÍCULOS:

María Pilar de Cecilia: Ana María Matute, Premio Cervantes 2010
Antonia Pons Coch: Josefina Aldecon
Milagros Salvador: Juan Filloy, una invitación a su lectura
Jaro Godoy: Delmira Agustini: El poema inconcluso
Amelia Peco: Tres mujeres cochabambinas
María del Carmen Gago Fiorenti: Giovanna o la primavera florentina
Reyes Cáceres Molinero: Una fiesta del Arte: Exposición "Jardínes expresionistas" y "Miradas", exposición de Maruchi Molinero
José Antonio Rodríguez Hodar: Juan Luis López Amaya: Artista y amigo

GRAFOLÓGICAMENTE HABLANDO:

Nuria Sánchez Caravaca: Grafología

EL ALMA DEL POEMA:

Juan Luis de Torres: "El Alma del poema"

POESÍA:

José Javier Aleixandre: "Todavía"
José Iglesias Benítez: "Niebla"
Blas Muñoz Pizarro: "El silencio de Dios"
Carmen Rubio: "1"
Alejandro Moreno: "Como un sediento muro"
Raúl Calvo Varela: "Decir"
Reyes Cáceres Molinero: "Las veinticuatro horas del bosque"
Francisco Miguel López Jiménez: A Juan López Pinto, in memoriam
Ana Romano: "Cautivo" y "Añoranza"
Eladio Méndez: "Alas de ceniza"
Elisa Berna: "Quito laberíntico"
Francisco Javier Carmona Camarero: "Abel" y "Ulises"
Fernando Fiestas: "EL exilio frente al espejo"
Francoise Roy: "He aquí que amanecí"
Ramiro Gairín Muñoz: "La loca celeste" y "Tolkeyen"
José María Izarra: "Autoretrato", "Salmo", "Nu Cn"
José López Rueda: "A José López Martínez"
Marta De Arévalo: "Anagrama chino"
Nélida Lemos Paganini: "Miel y Sal"
Oswaldo Roses: "Esta madrugada de mala noche"
Partricia K. Olivera: "Soy"
Pedro Tenorio: "En Colliure"
Plácido Ramírez: "La cifra azul de nuestra infancia"
Rolando Revagliati: "A Miguel Hernández"
Ronald Bonilla: "Pastor de la sangre"
José Cercas: "Volveré a escribir tu nombre"
Manuel Giménez González: "Inicio del poema"
Valeriano Franco: "Páramo"

NARRATIVA:

Alejandro Moreno: "La azotea roja"
Roberto Malo : "El regalo"
Soledad Cavero: "El poder de la envidia"
Paloma Hidalgo Díez: "Adelante"
Carlos Fernández Carbonell: "Su norte"
Javier Bueno: "La fuente amarga"
Juan Calderón Matador: "Las medias azules"

TEATRO:

José Manuel Sitio: "El pistoletazo"

RESEÑAS:

Milagros Salvador: "Dos minutos y medio" y "Hijos del trueno"
Julia Gallo Sanz: "Corales"
María Cristina Borobio Ibarrondo: "R-Textos (Reflexiones con fecha)
Pedro Carrero Eras: "Kilómetro 0"
Marta de Arévalo: "El árbol de las ausencias"
Agustina García Manzano: "Con otro final"
Marisol Mariño: "Canto a Lillith"
Maite Freire Pérez: "Sueño de libertad"
Francisco De La Torre Díaz- Palacios: "Blanco, negro y otro color"
Reyes Cáceres Molinero: "Los vientos de la tierra"
Pepa Nieto: "Últimos pasos"

Quiero dar la bienvenida a Roberto Malo y Elisa Berna por sus primeras colaboraciones con la revista  y en general, a todos los recién llegados.

Como aperitivo, mi primer micropoema:

"En tu mirada, mil naufragios
a punto de desbordar tus pupilas.
Yo los espero todos, desde mi desierto"

AÑADIDO NECESARIO, 3 de junio

Hoy miércoles, tres de junio, se entregará en Zaragoza el Premio Poesía Miguel Labordeta al escritor Blas Muñoz Pizarro, quien también forma parte de la plataforma cultural "Raíces de papel". Esta tarde, a las 20:00 h. en el edificio de Capitanía General (Plaza Aragón, 9). Enhorabuena Blas!