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lunes, 27 de junio de 2011

Pequeñas-grandes joyas del cine español: El crack (José Luis Garci. 1981) Alfredo Landa se recicla

Alfredo Landa como el detective Germán Areta. Fotograma de la película
Después de disfrutar de unos días desconectado del mundo virtual en una ciudad majestuosamente antigua he decidido volver a la blogosfera para hablar de una película que vi por primera vez justo antes de este miniperiodo vacacional. Un buen motivo para zafarse del infierno que nos acosa en todas y cada una de nuestras calles es sin duda disfrutar de una deliciosa tarde de sofá y buen cine. El crack, de José Luis Garci me parece una más que recomendable opción.
Germán Areta (Alfredo Landa) y El moro (Miguel Arrellán)
 Año 1981. Este que escribe nacía en ese mismo año así que no pudo vivir por experiencia propia el ambiente del Madrid de los años ochenta que muestra Garci y fotografía excelentemente Manuel Rojas. El comienzo, como toda buena película policíaca, es muy rápido y nos presenta al detective Germán Areta (Alfredo Landa) volviendo a casa por las calles nocturnas madrileñas en su Simca 1000, después de lo que suponemos una dura jornada de investigación. Con una rápida y contundente escena llena de tensión, en dos pinceladas, el espectador llega a conocer perfectamente la personalidad de Areta. Esta escena sucede en lo que parece un pequeño bar de carretera. Areta se encuentra allí cenando en una mesa que hay al fondo del local cuando irrumpen en él dos atracadores y amenazando al camarero con una navaja, se hacen con la recaudación de la caja. Acto seguido uno de los ladrones irá requisando una a una todas las carteras de los pocos clientes que a esa hora ocupaban el bar hasta que llega el turno del detective. Hasta ese momento Areta había seguido disfrutando de su cena mientras se producía el atraco, observándolo todo con tranquilidad y sin preocupación. Pero cuando uno de los atracadores se dirige a su mesa, Areta desenfunda su pistola y se hace con el control total de la situación. Recupera la recaudación de la caja y las carteras robadas a los clientes pero, en lugar de llamar a la policía, deja que los rateros se larguen. Cuando los atracadores se han marchado Areta pide el postre.
 Con esta escena que bien pudiera ser también de un típico western, Garci nos presenta a su personaje Germán Areta como un hombre que solo trabaja por dinero y que intenta pasar desapercibido,  sin meter las narices en los asuntos que no le encargan. De esta manera tan insólita, Alfredo Landa se muestra ante el público con un papel muy diferente a los que hasta entonces había interpretado y el personaje de Germán Areta representa así un punto de inflexión en su filmografía en la cual, posteriormente, veremos películas tan duras como Los santos inocentes, Sinatra o tan dispares como Por fin solos o Historia de un beso.
 En El crack los servicios de Germán Areta son solicitados por un padre que quiere encontrar a su hija antes de morir. Germán y El moro (Miguel Rellán) , su ayudante, comenzarán así a adentrarse en una historia muy confusa, repleta de silencios, un oscuro túnel en el que ninguna pista arroja un tímido atisbo de luz. Sin embargo Germán pronto advertirá el gran número de intereses que se despiertan a su alrededor para que abandone el caso, incluídos algunos de sus antiguos compañeros de la policía. En este momento la historia recuerda vagamente a El sueño eterno para dar paso después a un giro inesperado que la conectará directamente con Los sobornados de Fritz Lang.

 Con esta incursión en el cine negro, Garci homenajea a Dashiell Hammett y nos muestra una trama que bien pudiera estar diseñada para su personaje Sam Spade. La historia de Garci y Valcárcel, además, nos muestra el Madrid de los años ochenta, la espléndida Gran Vía llena de luces de neón conectada abiertamente, al final de la película, con Times Square de Nueva York, lugar donde se desenlaza toda la historia. El crack gozó de cierto éxito, tanto es así que Garci decidió realizar una continuación con El crack II, pero lo más destacable de esta película, sin duda, es la reconversión y recuperación de Alfredo Landa para el cine español. El crack ha sido para mí una grata sorpresa.


La Gran Vía madrileña en El crack

lunes, 7 de marzo de 2011

Pequeñas joyas del cine español: "El andén" (Eduardo Manzanos. 1952)

Cartel de "El andén" (1952)
La mañana despierta como cualquier otro lunes que no quiere desperezarse. A través del humo de un café recién servido y por el gran ventanal de un antiguo Café de Gran Vía, el nuevo tranvía de Zaragoza realiza sus primeras pruebas. El sonido de su campanilla me obliga a recordar viejos tiempos, viejas vías pisoteadas por el Coso y fotografías en blanco y negro de sucios y difuntos tranvías por el Paseo de la Independencia. Seguramente este nuevo tranvía no pasará para todos igual y siempre habrá un viejo en el andén esperando ese convoy que nunca llega. De esta manera tan singular recordé una película que revisé hace poco tiempo, muy poco conocida por el gran público y que se encuentra entre lo mejor que he visto en nuestro cine. Filmada y dirigida en 1952 por Eduardo Manzanos, El andén narra la vida en el apacible y humilde pueblo de Villena desde la visión del Jefe de Estación (Jesús Tordesillas). La vida del pueblo se concentra en el andén de dicha estación, lugar al que la gente acude en su tiempo libre para pasear y para disfrutar de uno de los mayores alicientes del día: ver pasar el Talgo fugazmente, como una ráfaga, toda una modernidad a la que este pueblo no está acostumbrado. El Jefe de Estación, don Javier, es la persona más querida y respetada del pueblo; un hombre bueno y pacificador que cuida de su sobrina Pilar (Marisa de Leza) y de todo el vecino de Villena que necesite ayuda. El andén de la estación es el testigo mudo de todos los acontecimientos importantes y don Javier es esa persona que parece conocer bien a todos los habitantes de Villena, una figura paternalista mucho más importante, por ejemplo, que el Alcalde (Juan Calvo). Pero esta película también nos muestra el temor del desempleo en una época en que el progreso industrial echa por tierra la mano de obra trabajadora. Manuel (José Bódalo) es el cabecilla de estos trabajadores y el pretendiente de Pilar. Este carretero de profesión advierte el inminente peligro del desempleo ante la llegada de una empresa demasiado industrializada encabezada por un encargado llegado de la capital (Fernando Rey). Finalmente Manuel decide convencer a todos sus compañeros para abandonar Villena en busca de empleo, a un lugar donde aún se necesite la mano de obra. En una escena estupenda, don Javier (que ya ha recibido ese mismo día la inesperada carta de una jubilación no deseada, después de cuarenta años de servicio) logra convencer a todos esos muchachos, que ya se encuentran en ruta hacia otro lugar, de que no pueden abandonar su tierra, esa tierra que trabajaron sus antepasados. Finalmente don Javier consigue retener a los trabajadores en el pueblo, también afectados por la inesperada noticia de su jubilación. En ese momento todo el pueblo decide preparar una fiesta en honor de don Javier en el mismo andén de la estación. Como agradecimiento, don Javier detiene al Talgo con la clásica bandera roja para que todo la gente pueda admirar de cerca ese prodigio tecnológico que solo habían podido ver pasar cada día durante unas décimas de segundo. Como consecuencia la compañía sanciona a don Javier y lo expulsa antes aún de que llegue su relevo preparado para su jubilación.

Los hechos se suceden como la vida en Villena, sin prisa. La historia navega en las mismas aguas que Calabuch o Bienvenido Mister Marshall y se desarrolla preparando al espectador para un final absolutamente conmovedor. Una de esas pequeñas joyas del cine español que merece la pena revisar con un reparto inigualable: Jesús Tordesillas, José Bódalo, Fernando Rey, Marisa de Leza, José Luis Ozores (ayudante de don Javier) Miguel Pastor Mata (el cura) y Juan Calvo.



Algunas imágenes tomadas de la web Lady fils trup.

Cartel posterior

martes, 7 de diciembre de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "Calabuch" (Luis García Berlanga. 1956)


Este es mi pequeño y humilde homenaje a Luis García Berlanga que, aunque llega con retraso, nunca es tarde ni está de más volver a los grandes clásicos en la historia de nuestro cine. Siempre he tenido un cariño especial a esta película que se encuentra entre mis favoritas de Berlanga y del cine, en general, porque creo que no solo se trata de un estupendo retrato de un pueblo costero español (Peñíscola), anclado en el tiempo; esta película va mucho más allá y termina siendo un estupendo reflejo de lo que en realidad es la vida. En Calabuch no es extraño encontrar un claro recuerdo del Shangri-La que James Hilton crea en su novela "Horizontes perdidos" y que posteriormente Frank Capra llevaría al cine, quizá retratado desde un plano mucho más decadente, menos fantástico, realista por una parte y entrañable por otra. La imagen que encabeza esta entrada es un ejemplo que define a la perfección esta historia. El profesor George Hamilton (Edmund Gwenn) es un afamado científico que ha conseguido ya todos sus objetivos en la vida, todos los objetivos que realmente no importan porque, al llegar la vejez, encuentra que su vida está vacía. De esta manera el profesor Hamilton decide huir a un lugar perdido en el mapa, donde la gente disfrute con las pequeñas cosas de la vida y pueda respirar y vivir en paz. Los descubrimientos del profesor Hamilton no han ayudado al avance del ser humano sino a su destrucción y ésto es algo que entristece gravemente su vida. Por eso nuestro científico decide refugiarse en Calabuch, lejos del mundo, lejos de las guerras que con sus inventos destrozan el planeta y lejos de las riquezas materiales. Allí, nada más llegar, el profesor es apresado en la cárcel del pueblo, por una equivocación, y curiosamente detrás de esos barrotes se halla más libre que en su vida anterior. Allí también encontrará la amistad de los distintos personajes del pueblo (Pepe Isbert, el farero. Franco Fabrizi, el contrabandista. Manuel Alexandre, el pintor de "eses". Valentina Cortese, la maestra.). Porque la cárcel de Calabuch no es como las del resto del mundo, pues de ella se puede salir siempre que a uno le de la gana para volver puntualmente antes de las diez de la noche y así tener un lugar donde dormir. Jorge, como conocen en el pueblo al profesor Hamilton, cada día se integra más en la vida del pueblo hasta que decide poner sus conocimientos al servicio de las próximas fiestas. De esta manera creará un cohete que convertirá por primera vez a Calabuch en ganador del concurso que valora los mejores fuegos artificiales del año. Como la noticia del cohete aparece en la prensa, acompañado de fotografía, el profesor Hamilton (al que se consideraba desaparecido) es descubierto y la aventura en Calabuch, como todo sueño, también llega al final. De una manera irónica Berlanga nos ofrece una feroz crítica de la evolución política internacional y de la miseria nacional a mitad del siglo XX, sin situar claramente ni el lugar de orígen del profesor ni en lugar donde se encuentra Calabuch. Al igual que en "Horizontes perdidos", "Calabuch" es una situación utópica que lamentablemente no puede prosperar en un mundo ya demasiado estropeado. Una de esas películas que, aunque parezcan un cuento, reconfortan sin duda.
El profesor Hamilton debe dejar atrás un sueño y volver a su realidad
Las partidas de ajedrez que mantiene por teléfono el farero (José Isbert) con el cura del pueblo
"La 's' le ha salido muy bien". Manuel Alexandre es un presunto pescador que dedica su vida a pintar barcas para la gente del pueblo.
Esta imagen es la del sueño llamado "Calabuch"







AÑADIDO NECESARIO:

Para poder disfrutar de otra joya del cine español pinchen enEl blog de Scotty. Me ha encantado esta entrada.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "Maribel y la extraña familia" (José María Forqué. 1960)

Echando la vista atrás, como de costumbre en este espacio, podemos ver que el cine español está lleno de comedias estupendas como "Usted puede ser un asesino" , película muy cercana por ejemplo al humor del "Arsénico por compasión" de Capra y que rodó en 1961 el zaragozano José María Forqué a partir de la obra homónima de Alfonso Paso. En la misma línea que esta película con la que comenzamos la serie de "pequeñas joyas del cine español" , aunque quizá no tan brillante, también está la que rodó el propio Forqué un año antes a partir de la obra de Miguel Mihura "Maribel y la exraña familia". En ella, Marcelino (Adolfo Marsillach) es un hombre solitario, de pueblo, propietario de una fábrica de chocolates heredada de un negocio familiar. Con el propósito de encontrar una buena esposa que le alegre un poco la vida Marcelino viaja a Madrid, a casa de su tía Paula (Julia Caba Alba), y allí encuentra la compañía que él busca, precisamente, en una "señorita de compañía". Marcelino se enamora de la bellísima Maribel (Silvia Pinal) que ejerce la profesión más antigua del mundo en el Madrid de los cincuenta, en plena dictadura, con lo que ello conlleva. Sin duda, el hecho de que Maribel ejerza la prostitución está insinuado de manera muy elegante e inteligente tanto en la obra de Mihura como en la película de Forqué. En la segunda cita que Marcelino tiene con Maribel, decide llevarla directamente a casa de su tía para presentarle allí a su madre y formalizar así la relación. Cuando Maribel se da cuenta de que Marcelino ignora por completo sus actividades nocturnas o callejeras y, no sólo eso, sino que además le quiere presentar a su familia para hacer de ella su novia formal, a la pobre sólo se le ocurre escapar por patas. Pero es al entrar en escena tía Paula y la madre de Marcelino, doña Matilde (Guadalupe Muñoz Sampedro), cuando Maribel decide empezar a vivir un sueño que bien podría convertirse en realidad. Desde ese momento las compañeras de esquina de Maribel, Niní (Gracita Morales), Rufi (Trini Alonso) y Pili (Pilar Muñoz), intentan entrometerse en la relación haciendo dudar a Maribel e intentándola convencer para que no confíe en Marcelino y siga con su vida noctámbula de Madrid. Además, a toda esa familia que Maribel acaba de conocer y con la que está encantada, le rodea un secreto oculto que concierne a la primera esposa de Marcelino, que murió de una manera misteriosa y desconocida. En resúmen se trata de una divertida comedia en la que Adolfo Marsillach se descubre con un buen papel en un género que no era su preferido, muy alejado de sus primeros papeles dramáticos en el Teatro. Destacaría sobre todos los entrañables personajes interpretados por Guadalupe Muñoz Sampedro y Julia Caba Alba (que ya lo había interpretado en Teatro) como la madre y la tía de Marcelino.

La mejicana Silvia Pinal, recordada por su papel en "Viridiana", también se adapta de manera estupenda a la comedia y creo que es la mejor Maribel que yo he tenido el gusto de ver. En la versión de Estudio1, de 1980, el papel de Maribel lo representó Charo López y el de Marcelino, Jaime Blanch. Me gustó ver esta versión pero considero mucho mejor la que acabamos de repasar, la dirigida en 1960 por José María Forqué. En el año 2002 se realizó un remake dirigido por Ángel Blasco pero no lo he visto. En cualquier caso, si no conoceis esta versión os invito a que la descubrais.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "Él", de Luis Buñuel (1952)


Ya era hora de que en este blog apareciera el gran Luis Buñuel del que en estos últimos días he tenido el enorme placer de conocer su película "Él", rodada tan sólo durante tres semanas de 1952. "Él" es una obra cinematográfica adaptada de la novela homónima escrita por Mercedes Pinto. Si no me equivoco es la octava película que Buñuel rodó en Méjico y está considerado uno de sus mejores largometrajes. Yo no puedo decir tanto ya que he de reconocer que me falta por ver mucha de su obra. En cualquier caso, "Él" es una película muy angustiosa que trata de manera formidable el tema de la obsesión sexual y de la metamorfosis que ésta puede causar en una persona hasta llegar a la locura. En mi opinión la cinta se mueve en el difícil espacio que existe entre dos aguas muy distintas, la del realismo y el surrealismo llevado al extremo sin hacer un abuso innecesario de los trucos de cámara. Conseguir crear un ambiente incómodo, angustioso y transmitirlo al espectador desde la mente del protagonista de una manera tan efectiva a base de unos planos oscuros tan sublimes es una tarea digna de alabanza.

El peso de la película recae por completo en el protagonista Francisco Galván, interpretado magistralmente por Arturo de Córdova, que ante nuestros ojos experimentará un espectacular cambio desde la primera escena de la película hasta su devastador final. Esta trasformación viene marcada por una clara evolución mental que lleva al personaje de caer rendido ante los pies de su amada Gloria (Delia Garcés) a intentar asesinarla movido por unos incomprensibles ataques de celos. La sumisión de la mujer ante un marido dominante y maltratador se trata de manera cruel y descarnada despertando en el espectador un fuerte sentimiento de compasión por ella, que estaba destinada a una vida muy distinta. Otro de los aspectos a destacar es la particular y realista visión que Buñuel nos ofrece de la Iglesia que, representada por el Padre Velasco (Carlos Martínez Baena), defenderá siempre al hombre rico y poderoso frente a la mujer desvalida y maltratada. Este rasgo tan característico de la Iglesia vendrá reforzado por una escena magistral típicamente buñelesca en la que Francisco Galván, dominado totalmente por la locura, está a punto de matar al propio Padre Velasco que tantas veces lo había defendido a capa y espada. Finalmente veremos como es la propia Iglesia la que, al final de sus días, vuelve a arropar al pobre demente. Esta película de obligado visionado es impactante, muy dura e imprescindible. No es de extrañar pues que el mismísimo Alfred Hitchcock la tomara de ejemplo para crear "Vértigo" años más tarde. De Luis Buñuel se han dicho y se dirán muchas cosas pero como lo que a mí más me gusta es escuchar hablar y leer a la gente a la que verdaderamente le entusiasma les dejo aquí un magnífico texto de Alfredo Moreno extraído del blog 39 escalones y escrito conmemorando los veinticinco años de la muerte del genio:aquí
A continuación podemos ver unas imagenes que demuestran la profunda metamorfosis del personaje:



jueves, 5 de agosto de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "La lengua de las mariposas. José Luis Cuerda (1999)


Dedicado a Gabrielle Dupré

Decir a estas alturas que Fernando Fernán Gómez fue si no el mejor una de las más brillantes figuras cinematográficas de nuestra filmografía sería poco menos que llover sobre mojado. No me quiero repetir pero si a alguien le cupiera alguna duda del gran actor que fue Fernán Gómez podría ver, por ejemplo, "La lengua de las mariposas". Puede que con esa expresión que esboza en el momento final de la película no haga falta decir ninguna palabra más al respecto.

Hace ya unos meses (la verdad es que quería tener tiempo para hablar de esta joya) recibí una invitación verbal de Gabrielle Dupré en la que se me proponía hablar de "La lengua de las mariposas". Supongo que es difícil decir algo nuevo de esta película de la que ya se ha hablado un montón. Sé de algún cinéfilo por ahí que lo haría muy bien, pero al menos intentaré estar a la altura. "La lengua de las mariposas" está basada, como ya sabrán, en tres relatos del libro ¿Qué me quieres, amor? de Manuel Rivas. Uno de los relatos se titula efectivamente "La lengua de las mariposas". La película comienza, como el relato, mostrándonos a un pequeño de seis años llamado Moncho (Manuel Lozano) aterrado por tener que asistir el día siguiente a su primer día de clase. Según le han dicho, en la escuela los maestros pegan a los alumnos. Al día siguiente Moncho entra en clase, se orina de miedo y huye despavorido. Don Gregorio, el profesor (Fernando Fernán Gómez), decide acudir a casa de Moncho para presentarle sus disculpas e invitarle a que vuelva a asistir a clase. A la mañana siguiente la clase comienza con un poema de Antonio Machado titulado "Recuerdo infantil". Este comienzo, por otra parte colosal, no es un principio casual ni mucho menos. En el poema "Recuerdo infantil", Machado describe la muerte de Abel a manos de su hermano Caín sobre una mancha de color carmín. En definitiva, una muerte entre hermanos será la penosa consecuencia directa de la guerra civil y la mancha carmín aludirá a todos los acontecimientos sangrientos de una contienda. Desde este momento la película comienza a narrar la tierna relación entre el maestro y el alumno con el oscuro fondo de la inminente guerra civil que estaba a punto de estallar. Un hombre ya mayor, pofundamente liberal, ve en la Segunda República la única luz de esperanza para un posible futuro en este país. Esa misma luz de esperanza comienza a ver en los ojos de ese inteligente chiquillo que disfruta aprendiendo cada día más, como el mismo maestro dice ante un sacerdote, "despertando a la vida". Ese "despertar a la vida" de Moncho es un despertar de la libertad en España, un despertar que desgraciadamente no gozó de larga vida. De esta manera tan tierna pero a la vez devastadora el espectador es testigo de los últimos días de la República en 1936, del miedo que se vivió en Galicia y en toda España en esa época y finalmente de la sublevación fascista. Esta película aleccionadora conecta directamente con nuestra memoria histórica, con los sueños rotos, con el miedo y ese enfrentamiento fraticida que nuestros antepasados sufrieron. Esta película duele. Duele mucho más si miramos con detenimiento la figura del maestro encarnado por Fernando Fernán Gómez. Un liberal que disfruta simplemente practicando la enseñanza, con las pequeñas cosas que le regala la vida, ve truncados todos sus sueños y todas las esperanzas para ese futuro que había imaginado. Un futuro por el que, sin ser para él, lo hubiera dado todo. Esa última imagen, apedreado por sus esperanzas, es demoledora. Con esa escena el espectador está siendo testigo de muchas cosas pero, en definitiva, de "un gorrión" apedreando al maestro que le enseñó a volar. Muy triste.

Además, otro de los aspectos más destacables de la película, me parece el excelente retrato de los padres de Moncho, Rosa (Uxía Blanco) y Ramón (Gonzalo Martín Uriarte). Una familia típica española en aquel momento puntual de nuestra historia que, como todas, estaba devorada por el miedo a expresarse y vivir libremente. En definitiva, estamos viendo una película que habla fundamentalmente de la amistad y la libertad (o la ausencia de ella) con el triste telón de fondo de "las dos Españas"

domingo, 4 de julio de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "Ninette y un señor de Murcia" (Fernando Fernán Gómez. 1965)


Pues sí amigos, ya casi había olvidado el infierno de julio en Zaragoza pero hoy ha caído sobre mí como una plancha de plomo ardiendo en un día extremadamente caluroso. El calor de Paris que he podido conocer estos días, a pesar de ser intenso, no es comparable al zaragozano y además la temperatura descendía notablemente al atardecer, cuando el cielo parisino solía nublarse. Una de las madrugadas que pasé en esa inmensa ciudad hubo una tormenta muy fuerte lo que provocó que el ambiente se refrescara al día siguiente y la estancia en Paris fuera en definitiva muy agradable en lo que al clima se refiere. Por lo demás, aún estoy con la resaca por la cantidad de maravillas que mis ojos han visto y que contaré poco a poco. De momento me parece muy apropiado, para la vuelta al mundo virtual, hablar de "Ninette y un señor de Murcia", película en la que el pobre Fernando Fernán Gómez hace todo lo contrario a lo que yo hice en Paris, quedarse todos los días encerrado en la pensión donde había alquilado una habitación. "Ninette y un señor de Murcia" es una espléndida adaptación cinematográfica de la homónima obra que Miguel Mihura estrenó en 1964. Miguel Mihura, que ya tenía en su currículo obras tan espléndidas como "Tres sombreros de copa" o "Maribel y la extraña familia", consigue con esta obra una estupenda crítica de la sociedad franquista española y la ausencia de libertad a través de la figura de Andrés (Fernando Fernán Gómez, en la película), un murciano que escapa a Paris en busca de una aventura de esas que en España estaban prohibidísimas. Fernando Fernán Gómez la llevó como director y protagonista a la gran pantalla con un acierto similar al de Mihura, con sobrada inteligencia para burlar la censura española que por aquella época solía mutilar las obras cinematográficas y teatrales. Andrés, como dije, viaja a Paris en busca de una aventura y de esa libertad que a priori disfrutaban en Francia y que en España casi ni se soñaba. En Paris contacta con su amigo Armando (Alfredo Landa) quien le consigue una habitación en una casa que regenta un matrimonio comunista exiliado de la guerra civil. Allí conocerá a la hija parisina del matrimonio español llamada Ninette (Rosenda Monteros) de la que se enamora perdidamente. En la primera escena Ninette invita abiertamente a Andrés a "hacer el amor" y acto seguido Andrés la coge en brazos entrando a la habitación y cerrando la puerta. Teniendo en cuenta que estamos en 1965 y en España, esto es tremendo. Imagino que a los censores se les pasó esta película.

En definitiva Andrés no sale de la habitación ninguno de los días que está en Paris poniendo cada vez una excusa distinta y con el consiguiente mosqueo de su amigo Armando que, interpretado por un Alfredo Landa en estado de gracia y contando con unos diálogos geniales, no para de provocar la risa en el espectador. Por otra parte en la figura de Andrés, encerrado en esas cuatro paredes sin poder salir a ver Paris, podemos ver al español que en aquella época estaba encerrado en España privado totalmente de toda libertad. Además Andrés y Armando con sus diálogos no dejan de nombrar Place Pigall y Mouline Rouge, las zona de turismo sexual de Paris por excelencia. Los padres de Ninette están interpretados por Aurora Redondo y Rafael López Somoza, también de muy acertada elección. Éstos montarán en cólera cuando se enteran de que Ninette espera un niño de Andrés. Estamos sin lugar a dudas ante una de las mejores comedias del cine y el teatro español en mi opinión. Fernando Fernán Gómez y Alfredo Landa llevan todo el peso de esta comedia con unas interpretaciones magistrales y yo, la verdad, nunca me canso de verla y reírme con ella.

Más tarde, en 1984, se creó la serie para la televisión con Juanjo Menéndez en el papel protagonista repitiendo Alfredo Landa el papel de Armando y Victoria Vera como Ninette pero ya no fue lo mismo. Después vino la película de Garci que aún no he visto.

Bien, tras volver de esta manera tan cinematográfica de Paris les dejo con una de las fotografías de este viaje que, les puedo asegurar, nada tuvo que ver con el del murciano Andrés. En l rpimera fotografía vemos la Torre Eiffel, los Campos Elíseos y la Torre Montparnasse desde lo alto del Arco de Triunfo. En la segunda fotografía, la inmensa Sacre Coeur de Montmartre, el barrio más bohemio y que más me cautivó de todo Paris.

jueves, 6 de mayo de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "El Cebo" (1958. Ladislao Vajda)


Recuerdo la primera vez que pillé esta película, ya empezada, en un canal regional del que ya no recuerdo el nombre. Me pareció estar viendo una película americana relizada por uno de esos directores europeos históricos, o en todo caso británica, que bebía directamente en la fuente de inspiración hitchcockiana (vaya palabro) intentando rescatar algo de su ambiente, de su angustia y de su estilo narrativo. El protagonista inspector de policía que investiga el caso de un misterioso crimen cometido contra una niña en un bosque suizo escondido y cercano a una carretera no me era para nada conocido pero tenía un aire entre Alan Ladd y Glenn Ford que convencía bastante en el papel. Cuál fue mi sorpresa cuando, al ver esta película por segunda vez, pude ver en los títulos de encabezamiento con alegría que se trataba de una coproducción de los estudios Chamartín con la suiza Praesens y la alemana Filmproduktion. No sé si este dato me permite considerarla una "joya del cine español", pero así lo he considerado hoy. En esa segunda vez también descubrí que la única interpretación española en toda la película corre a cargo de Rosa María Salgado y que al inspector Matthai lo interpretaba tan perfectamente el alemán Heinz Rühmann.

Al verla por segunda vez me pareció emparentar más con "M, el vampiro de Düsseldorf" de Fritz Lang que con Alfred Hitchcock pero la impresión que me causó fue todavía mejor que en la primera vez. La magnífica historia, que me atrapó desde un primer momento, me hizo consultar los orígenes de esta película con pura temática noir. Descubrí que se trataba de una adaptación de la novela de Dürrenmatt titulada "The Pledge" que más tarde volvió a adaptar Sean Penn con Jack Nicholson como protagonista en el año 2001 y que yo todavía no he visto. "El cebo" es una gran película de intriga basada en la investigación de los crímenes pertrechados por un asesino de niñas que suele calmar así su insatisfacciones vitales, una vía de liberación para "sacudirse" de encima la dominación a la que está sometido por su propia esposa en el amargo día a día de su vida. Las primeras sospechas del crimen recaen sobre la figura de un vulgar ladrón que había estado preso seis años por su último robo. El ladrón, interpretado por el suizo Michel Simon, encuentra en el bosque el cuerpo de la niña asesinada y él mismo da la alarma a la Policía.

La investigación toma un rumbo en el que el propio ladrón aparece como presunto culpable y éste, agobiado y atemorizado, acaba suicidándose. Me gustaría destacar el papel de Simon, es uno de los más tristes personajes que he visto. Es muy frustrante ver cómo este vulgar ladrón es testigo de cómo se acerca su injusta condena. El director húngaro Ladislao Vajda, autor de obras como "Mi tío Jacinto" o la magnífica "Un ángel pasó por Brooklyn", nos dirige con mano diestra por un denso ambiente de intriga que mantiene en vilo al espectador hasta la última escena. En el momento en que el comisario decide arrendar una gasolinera para investigar las matrículas de todos los coches que pasan por allí es uno de los que más me gustan de toda la película. Absolutamente genial y recomendable historia.

Pueden leer un texto dedicado a esta película escrito por Raúl Ariza, autor de "Elefantiasis", pinchando aquí.

Otra reseña escrita por Pepe Cahiers aquí

martes, 6 de abril de 2010

Pequeñas joyas del cine español: La colmena (Mario Camus. 1982)


Para esta nueva edición donde servidor repasa las joyas del cine español he considerado muy oportuno rescatar la última edición de "libros filmados" (FNAC) del pasado martes en la que junto a Alfredo Moreno, Estela Alcay y Miguel Ángel Yusta pudimos admirar la obra "La colmena". En primer lugar debemos entender el trabajo de Mario Camus en dirección y José Luis Dibildos en guión como una gran labor de condensación, partiendo de la dificultad que entraña trasladar una novela de doscientos noventa y cuatro personajes. Pero el gran hallazgo de la cinta reside efectivamente en que el ambiente que Camilo José Cela quiso transmitir con "La colmena" permanece intacto, incluso reforzado en algunos detalles, a lo largo de toda la obra cinematográfica. Este ambiente es magistralmente conseguido por tres factores principales que repasamos aquí.

Una música adecuada siempre ayuda a perfeccionar una idea y en esta película la composición lúgubre, casi fúnebre, de Antón García Abril consistente en la repetición de una melodía insistente interpretada por una triste trompeta, que vagamente nos quiere recordar a la que suena también en "La strada" y que Nino Rota compuso para Fellini. Tiene un efecto perfecto en el ambiente global sobre el que transcurre la obra. También la música que suena en el Café de Doña Rosa y ese tristísimo violinista interpretando "Ojos verdes" o "Ave Maria" ayudan a ambientar perfectamente este lugar de encuentros sociales, en mi opinión, tal y cómo nos lo habíamos imaginado al leer la novela.

El segundo aspecto reside en la extremadamente cuidada fotografía. En este bloque me gustaría recordar, casi copiar, las palabras de Alfredo Moreno en las que nos comentó esta difícil y necesaria labor. A menudo la fotografía que más destaca en el cine es la impactante, la que fascina al espectador, la que entra por los ojos y te deja boquiabierto. Una explosión, un vasto paisaje árido y desértico en las montañas rocosas o un inmenso tornado levantando los tejados son golpes visuales que sorprenden al espectador dejándolo clavado en la butaca pero “fáciles” de conseguir. En cambio, una habitación oscura con la única iluminación de un hilo de luz colgando del techo o una pequeña lámpara casi escondida en la última esquina de un comedor donde una familia se sienta a la mesa es un efecto que entraña más dificultad pero que contribuye con una mayor efectividad a conseguir esa ambientación pensada. "No hay nada más difícil que filmar una habitación a las seis de la tarde y transmitir que son las seis de la tarde", dijo Alfredo. Pensando en un rodaje lleno de gente, cables, cámaras, papeles… resulta casi increíble conseguir la decadente y penosa oscuridad que transmite Camus en cada escena. Parte de ese gusano que trepa por las mesas del Café, parte de esa cucaña que describe Cela, ese gran cementerio que es Madrid está fielmente reflejado aquí gracias también a esa labor de fotografía colosal que realizó Hans Burmann.

Pasando por alto la labor de vestuario, no por menor importancia sino por extensión del texto, pasaremos directamente a los actores. Pocas películas españolas reúnen tanta cantidad de actores históricos para nuestro cine como "La colmena". José Luis López Vázquez, José Sacristán, Paco Rabal, José Sazatornil, José Bódalo, Agustín González, Rafael Alonso, Francisco Algora, Luis Barbero, Antonio Resines, María Luisa Ponte, Queta Claver, Encarna Paso, Concha Velasco, Victoria Abril, Ana Belén, un pequeño papel de Imanol Arias... y todos ellos rayando la perfección con sus interpretaciones. Si he de quedarme con un personaje sería el de José Sacristán como Martín Marco... no sé por qué, quizás porque es poeta y no tiene un duro y ésta situación lo convierte en la decadencia de esa España personificada. El caso es que es una reunión de actores y actuaciones fascinantes donde hasta el pequeño cameo de Camilo José Cela queda perfecto. Pero decir, en resumen, que la película consigue extraer el ambiente de la novela con tan sólo sesenta personajes ya, creo yo, es decir mucho. Ese ambiente de la posguerra del hambre y el frío en el que, sin embargo, en la película no paran de comer. Hay una escena en la que José Luis López Vázquez desenvuelve un paquete que contiene un enorme queso. La cara que pone al ver el queso es merecedora al menos de un Goya, “hay escenas de amor en las ningún actor pone una cara como esa”, dijo Alfredo. En mi opinión es una película igualmente merecedora del Oscar que ganó el mismo año "Volver a empezar" de Garci. No puedo decir que una sea mejor que la otra porque me encanta "Volver a empezar" pero sí que diré que me gustaría encontrarme algún año de éstos con dos películas españolas tan perfectas coincidiendo en cartel, una esperanza que sin embargo se me antoja quimérica. Como dato curioso tres de los actores que formaron parte de la oscarizada "Volver a empezar" también están presentes en "La colmena": Encarna Paso, Agustín González y José Bódalo. Fue una satisfacción enorme descubrir esta gran obra del hiperrealismo de Camus-Dibildos-Cela junto a las experimentadas palabras de Alfredo Moreno.


Agradecido a Alfredo Moreno, Estela Alcay, Miguel Ángel Yusta y a la Asociación Aragonesa de Escritores por este enriquecedor evento.

miércoles, 13 de enero de 2010

Pequeñas joyas del cine español: "Un millón en la basura" (José María Forqué. 1967)


El otro día tras finalizar mi turno de noche me dirigía a casa sobre un helado asfalto, bajo una luna fría como una sonrisa de nieve en mitad del cielo oscuro que la hacía parecer más lejana de lo normal. Eran las siete de la mañana y todo el mundo dormía aún. Una ligera nieve empezaba a caer y entonces pude observar a algunas personas que no dormían, que me acompañaban despierto a estas intempestivas horas como zombis cansados de estar despiertos. Eran personas vestidas con atuendos amarillos y naranjas fosforescentes que se dedican al noble y difícil oficio de mantener limpia la ciudad. Entonces pensé en esa época en que no vestían con esos trajes sino que lo hacían de negro inmaculado, portando una vieja y larga manguera, entonces pensé en uno de estos hombres encontrando un millón de pesetas en el cubo de la basura.
Vuelvo al cine español otra vez de la mano de José María Forqué en este caso para retratar las miserias de la España franquista. José Luis López Vázquez, en uno de sus papeles protagonistas que mejor recuerdo dejaron en mi mente, encarna a un barrendero que encuentra un millón de pesetas dentro de un maletín, en un cubo de la basura. Un millón de pesetas en aquélla España de los sesenta era bastante dinero y podía hacer salir de más de un apuro a cualquier familia del país. En concreto Pepe (José Luis López Vázquez) es un hombre que vive en la más completa miseria, en los arrabales de Madrid, junto a su esposa Consuelo (interpretada por Julia Gutiérrez Caba) y sus hijos. Al encontrar el millón de pesetas Pepe se debate entre aprovechar la situación y así pagar todas sus deudas o encontrar al dueño del maletín para entregarle lo que es suyo. Aquí José Luis López Vázquez nos presenta a un hombre inocente, decente y bueno que a pesar de su caótica situación económica se deja llevar por los consejos de su esposa Consuelo y así buscar al dueño del maletín. Es una película muy emotiva y realista donde José María Forqué se arriesga a mostrarnos lo peor de la España profunda y mísera del franquismo, las consecuencias de un régimen en un país que no se ha recuperado de la Guerra Civil. Esa España que nadie podía enseñar. El papel secundario de Juanjo Menéndez como Faustino, compañero de Pepe, es inmejorable y siempre quedará en mi mente una escena en la que Pepe acude al bar con un billete extraído del maletín que encontró en la basura. Así quiere averiguar si el billete que ha encontrado es falso o por el contrario es legal y le pregunta a sus amigos. Faustino examina cuidadosamente el billete a la luz de la barra del bar y dice: "Las firmas están bien, el color...pero mira el cajero... en éste el rabito del cajero está torcido". Las risas son inevitables. Eso es lo grandioso de la película que, tratando un drama social demasiado preocupante se puede también sacar el momento para la comedia. También hay una escena memorable en la que Pepe va a comer a un buen restaurante (probablemente por primera vez en su vida) con el dinero del maletín. La escena termina en la comisaría de Policía porque Pepe no se ha atrevido a pagar la cuenta con ese dinero. José Sacristán, Aurora Redondo, José Sazatornil y Rafaela Aparicio completan el elenco de secundarios inolvidables. Una película que merece la pena recordar, sin duda.

martes, 24 de noviembre de 2009

Pequeñas joyas del cine español: "Usted puede ser un asesino" (1961. José María Forqué)



Aquí doy comienzo a un nuevo apartado dentro del mundo del cine en éste blog... y es que también hay que tener un pequeño rinconcito para reconocer y admirar esas pequeñas joyas que dieron de sí nuestro cine. Para empezar éste apartado con una sonrisa he elegido la última comedia española que he tenido el gusto de revisar: "Usted puede ser un asesino", del director zaragozano José María Forqué basado en una obra teatral de Alfonso Paso. El guión es muy sencillo y quizás inesperado en plena época franquista pues se nos cuenta la historia de dos maridos parisinos que, después de enviar a sus respectivas mujeres al campo, deciden correrse una juerguecilla con dos amigas a las que apodan "las prójimas". Todo se complica cuando el hermano de una de esas prójimas, que quería chantajear a uno de los maridos, es asesinado por equivocación. El planteamiento de la historia es genial y la comedia le arranca al espectador más de una risa (a mí, muchas). Pero yo creo que lo fundamental de que la fórmula funcione está en los cuatro grandes actores que llevan el peso de la historia. Uno es mi actor español favorito, quizás de todos los tiempos, y se llama Alberto Closas. La verdad es que casi todo el peso de la película recae sobre él. Alberto Closas en la comedia funcionaba de maravilla... y eso que casi nunca sonreía. Salvando las distancias creo que sería el Cary Grant español. El otro marido es el eterno compañero de Closas y recientemente desaparecido José Luis López Vázquez que hace, como siempre, un papel muy entrañable dejándose convencer y manejar todo el tiempo al antojo de Alberto Closas. Las mujeres, inmejorables. Por un lado tenemos a una guapísima y muy graciosa Amaparo Soler que da el pego como francesa alocada a la perfección. Como pareja de José Luis López Vázquez está, una vez más, Julia Guitiérrez Caba en un papel de mujer misteriosa que borda casi hasta la perfección. El cóctel está salpicado muy acertadamente por la música jazzística de Augusto Algueró, aquí con tremenda influencia americana. Hasta la banda sonora es genial. El resultado una película con unos golpes de humor muy buenos, un cine inolvidable.