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domingo, 13 de noviembre de 2011

Almost blue

Mujer en un tren (Edward Hopper. 1938)

Almost blue (Chet Baker)


Bajo esta penumbra
de días inciertos
y escarchas malditas
pareces una mujer abandonada,
retratada por Edward Hopper,
un borrador arrojado
en el cubo de la basura.

Bajo esta mirada
de estrellas lascivas,
como poetas,
como rimas prohibidas,
eres una santa a la intemperie,
una virgen sin hornacina;
el rumor de alcantarilla
entre cuatro paredes lejanas,
demasiado viejas,
donde se descuelgan las horas,
casi despeñadas,
al ritmo insultante de los silencios.

La vida se difumina
en torno a tu sombra
con la humareda de aquella última llamada
desvanecida en un beso que llegó, ciertamente,
pero quizá, demasiado tarde.
Hoy, frente a mí,
eres un paisaje asombroso
de despedidas y espejos
en los que no quisiste reflejarte
y bajo este último ocaso
que salpica una sangre trémula
sobre tu mirada
preguntas dónde está el arco
que complete tu iris más nublado
donde se consume la hoguera
del fuego que solo avivan las sombras.

lunes, 14 de febrero de 2011

Tentativas nocturnas

Puerta del Duque e iglesia de San Miguel. Zaragoza antigua.
Tal y cómo titulo esta entrada, el siguiente poema es una tentativa nocturna (por la hora en que fue escrita) de acercarme a la estructura de los versos Alejandrinos, formación poética muy utilizada, entre otros, por Juan Ramón Jiménez al que he dedicado últimamente buena parte de mi lectura. A mi amigo escritor Fernando Jiménez-Ontiveros, cuyo blog es referencia imprescindible y del cual he aprendido y sigo aprendiendo más cada día, va dedicada esta entrada con mis mejores deseos de una pronta recuperación.

Entre las orillas del mundo

"Los días se ralentizan aquí en San Miguel
esperándote en la terraza de este Café,
deshojando versos de Juan Ramón en papel
e intentando adivinar dónde acabó mi fe.


Seguramente el fondo en los ojos de Francina,
donde pasa el paisaje, donde se apresa el tiempo,
donde amanece y lánguido el ocaso culmina,
guarda el final del viaje, junto a la edad del viento.


Pero el paisaje no pasa ni pasa la vida
porque el mundo es una cárcel de estrechas orillas.
A un lado, el dorado viejo como vieja herida.
Cielo nocturno al otro, donde tú siempre brillas.


Pero basta de quimeras que ya va cayendo
la tarde y los autobuses rojos y fugados
se proyectan, mientras la ciudad va envejeciendo,
hacia una puerta inexistente, ya resignados.


Los primeros faroles dibujan incendiada
la noche y sobre la campana de los perdidos
crepúscula la luna, cual daga atravesada,
viene a iluminar el rostro de amores huidos.


¿Dónde estás ahora, dónde posas tu mirada?
Tus ojos melancólicos parecen estar
en ese lugar de la aurora más alejada
del lúgubre rincón donde te pude besar.


Creo que estás, esparcida por el firmamento.
Que eres estrellas, planetas, música callada.
Eres la carne, la flor, el beso y el lamento
cuando deshojas en mi boca esta encrucijada.


Ahora, la noche habita en todas estas calles
y eres la luna argentina, leve y escapada.
Deseo que ilumines mis más lóbregos valles
que me eleves al sol de la mañana dorada."


La fotografía es una antigua instantánea de la Plaza de San Miguel en Zaragoza. En ella se puede observar la Puerta del Duque, hoy desaparecida y pintada sobre una fachada. La iglesia está hoy prácticamente igual.

AÑADIDO NECESARIO:
Y al ser hoy el día que es, no quiero dejar al mundo sin la mejor canción de San Valentín que se ha compuesto. "La trompeta más triste del jazz", Chet Baker, grabó en estudio la mejor versión de "My funny Valentine" (Rodgers and Hart. 1937). La del siguiente video es de 1987 aunque, cómo no, siempre nos quedará Sinatra. Ahora, díganme ¿Sinatra o Baker?.

lunes, 15 de febrero de 2010

"Última nota"


"La curva del saxofón
se enredó en el recuerdo
de tu sueño despeinado
y quebró el último hielo
que nos quedó por aguar
en el whiskey de tus labios

Una bocanada...
... me abraso por dentro
y después...
... sólo humo."


Chet Baker: "Time after time" la trompeta más triste del jazz. El sonido de su trompeta es parecido al humo del tabaco...


La fotografía de Frank Sinatra se ajusta muy bien a lo que quiero decir con el texto, igual que la trompeta de Baker.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

"Lo bueno, si breve ..." (Relato de bar)


La media tarde invernal era abandonada por el sol mientras que una esquina fue sorprendida por la temprana noche que, atracándole luna en mano, le sacó hasta la última gota de luz. La ciudad creció en grotescas sombras que tentaban al solitario viandante pero yo, lejos de ser atraído por el destello de las estrellas de neón, me refugié en el mismo bar de siempre donde Charlie pondría buena música y reiría a ritmo de swing con mis increíbles historietas. "Charlie's" era un lugar de copas semioscuro y agradable con música de jazz frenética y divertida o tranquila y triste, dependiendo de la hora y el estado de ánimo de Charlie. En las sombras las parejas se amaban, en la barra los olvidados recordaban y yo, en fin, escuchaba buena música y hablaba con mi barman preferido. Esa noche Diana Krall acariciaba su piano y su voz parecía enredarse em la humareda del ambiente. Era el sensual "Do it again" cantado por la rubia canadiense a cuya voz se adaptaba aquél bar a la perfección. Le pedí a Charlie un martini bien frío y él llenó de forma generosa el tubo, dejando nadar en él tres borrachas aceitunas ensartadas en un futuro incierto.

- Bueno, Charlie, ayer volví a estar en la cama con Sandra. ¡Qué rubia!. Explosiva, fogosa y salvaje, como me gustan a mí. La verdad es que llegué a temer por los pobres vecinos que quisieran dormir, tendrías que haber escuchado cómo gritaba.

Charlie miraba y reía a carcajada limpia mientras me servía otro martini. Me miró con sonrisa de tiburón y dijo:

- A ver si sientas la cabeza con esta de una vez, bribón. Ya va siendo hora, que tienes una edad...

- Pero, ¿qué dices, hombre?. A mí ahora no me pesca una de esas gatas... -respondí con gran despreocupación teatral-


La verdad es que la historia de Sandra ya la traía desde hacía mucho tiempo. Era la quinta vez que contaba a Charlie cómo me metía en la cama con ella. Charlie aún no conocía a Sandra, pero yo... tampoco. Si hubiera sido una historia real sería la bomba. Pero al menos eran mentiras piadosas que hacían reír a Charlie a base de fantasmadas. Era un juego. Él disfrutaba escuchándome haciendo como que me creía y vendiéndome cada vez más martini. Yo, me dejaba emborrachar, por no emborracharme con mis recuerdos. Para mí aquello era un escudo tras el cual ocultarme y ocultar mi realidad. En cualquier caso yo nunca me había acostado con una rubia y mis amores habían sido escasos y bastante mediocres. Así yo iba avanzando en edad mientras en mi vida avanzaba la soledad.

La noche prosiguió y Charlie puso un CD de una voz que no conocía, una mujer que desgajaba sensualmente las primeras notas de "Summertime" haciéndola íntima y asombrosamente suya. Al mismo tiempo que ascendía la canción ascendió mi temperatura al comprobar gratamente la llegada de una morenaza que parecía conocer bien a Charlie. Su sonrisa resplandeció en mitad de la barra del bar e iluminó una preciosa cara de mejillas sonrosadas y labios rojos sangre totalmente naturales, sin ningún tipo de maquillaje. Al mismo tiempo que saludó efusivamente a Charlie a mí me dedicó un verde pestañeo con el que telegrafió "Bienvenido al infierno... si eres lo suficientemente valiente". A juzgar por la largura de sus pestañas hubiera presagiado un gran huracán cuando ella volvió a parpadear al pedir su vodka pero, afortunadamente, el temporal sólo azotó de lleno en mi corazón. El primer trago de vodka fue un reojo delicado y lleno de vicio que me terminó por convencer. En ese momento decidí atacar, como siempre, hablando de cualquier cosa en voz alta y dejando muy claro que soy amigo del camarero. Son armas que dan buen resultado y que me enseñó una gran mujer. La conversación con Charlie versaba sobre la cantante misteriosa que sonaba en aquél momento por los altavoces del bar. Su nombre era Renee Olstead y resultaba ser también actriz. Su forma de cantar recordaba vagamente a la de un saxofón y, aún siendo una cantante contemporánea, parecía sacada del mismísimo Cotton Club del Harlem años treinta. Casi sin darme cuenta la morenaza de la barra se estaba metiendo en la conversación y no me quitaba los ojos de encima. Su mirada era brillante y notaba cómo me traspasaba hasta la médula mientras yo seguía hablando con Charlie. "Me encanta el jazz" -exclamé- y entonces ocurrió el milagro. Aquella belleza aproximo su taburete al mío y comenzó a hablar:

- Eso me llama la atención en un chico tan joven como tú. ¿Cómo te gusta tanto el jazz?. ¿Tienes la edad que aparentas o eres Chet Baker que consiguió al fin hacer el pacto con le diablo?
- Vaya, ¿y a ti?. Tú debes de tener mi edad, más o menos ...


Sí, ella tenía dos años menos que yo. era guapísima, parecía raptada de mi sueño y traída a la realidad por mi ángel de la guarda. Llevaba puesto un vestido ceñido, azul, con generoso escote y una melena negra brillante caía sobre sus delicados hombros igual que la noche tranquila cae sobre el mar. Su piel era blanca y su aroma era tan sensualmente carnal que me hicieron desearla nada más mirar sus labios y percibir su sabor en la distancia. Charlie parecía conocerla, pero no tanto como aparentaba, así que mi plan estaba ya decidido. Sus pupilas brillaban en las mías y el deseo rebosaba en nuestras miradas a la vez que Charlie rebosaba nuestras copas. Sutilmente la invité a mi apartamento porque estaba decidido. Parecía que el día irrumpía en mi noche, en plena medianoche, y un cielo azul se abría ante mis ojos. El sol salió a plena madrugada cuando su sonrisa respondió que esa noche quería dormir en mi cama. Tantas cosas había oído y tan poco me importaban ahora las historias de amores de una noche que me dejé llevar por su rara belleza sin importarme haberla conocido hacía sólo una hora. En su mirada había algo eterno y quería conquistarlo.

De camino las farolas fueron semáforos en rojo que nos obligaban a parar para besarnos. Yo abracé su cuerpo y creí estar en el cielo. Doblamos la esquina que nos conducía a la luna, que esa noche lucía hermosa y enorme, y en la primera estrella a la derecha ella hizo que me detuviera para observar cómo brillaba en sus pupilas la mejor noche de mi vida. La subí a mi habitación y ella se desprendió del vestido con tal facilidad que me pareció sencillo acabar con mi soledad. Pero no acabé yo, dejé que acabara ella mientras desabrochaba mi camisa, me quitaba el cinturón y me devoraba. Estando los dos desnudos ella me abrazó y me besó de la forma más caliente que me habían besado nunca. No se si apagó la luz o me cegó al llamarme "amor" pero pude ver cómo la luna traspasaba la persiana dibujando una cebra en su cuerpo desnudo teñido de añil y curvas irresistibles. El caso es que la cebra me cabalgó invirtiendo el orden del factor y yo tardé bastante en poderla domar. Fue un juego maravillosamente sucio que limpió los malos recuerdos de mi mente. Por un momento creí que mi respiración y la suya eran la misma mientras profería tales obscenidades que creí que su lengua era extranjera. Yo creo que fue ese instante en que ella me mordió el cuello cuando yo rocé el cielo con la yema de mis dedos inundando de verano todo aquél diciembre. Agotados, sin fuerzas, derrotados por nuestras mismas tropas peor con la guerra ganada en ambos bandos ella sen enredó en mis piernas y durmió junto a mi boca después de exhalar un incomparable "te quiero... dime que esto nunca acabará"

Yo me dormí abrazando su suavidad y creyendo que el sueño se había hecho realidad.

Pero, como todo sueño, desperté al día siguiente y su lado de la cama sólo guardaba de ella su aroma. Lo que la luna había dibujado en su cuerpo hoy lo borraba la luz del sol en su hueco de mi cama. Yo me levanté sobresaltado dando una oportunidad a la posibilidad de que ella estuviese en el baño pero ahí no la encontré. En lugar de ella había una nota reposando en el cenicero de la cocina: "Ha sido perfecto y no lo quería estropear así que nunca sabrás nada más de mí. Sólo así permanecerá siendo perfecto. Te quiero."



Ni tan siquiera la firmó porque probablemente su Rebeca era tan sincero como el Tomás que yo le dije. Podría haber encajado la jarra de agua fría de forma más natural pero aquél despertar se me clavó como una daga, igual que su mirada me había traspasado la noche anterior. Fue un instante en mi vida pero la había sentido tan mía que me hubiera casado con ella. Tenía razón en la nota, era perfecta. Ella era perfecta.

La tarde avanzó y la luna volvió a devorar al sol vomitando después las estrellas a su antojo. Hoy no brillaban, parecían pequeños botones blanco marfil, blanco mate. Llegué por la calle de "Charlie's" caminando abatido como James Dean bajo la lluvia en Times Square. Pero al traspasar el umbral del bar me convertí en un Cary Grant triunfante e impoluto.

-¿Qué tal, bribón?. ¿Cómo te fue con mi amiga? -inquirió Charlie-

-Bueno, Charlie, es una pasada, mejor aún que Sandra. Pero, escucha, me ha tomado demasiado cariño y creo que lo voy a dejar ahí. No me gusta repetir, ya me conoces. Siento peligro cuando se encaprichan demasiado conmigo. ¡Lo bueno, si breve, dos veces bueno!...jejeje... lo siento por ella.

- Bien, bien, amigo. Peor sería si fuera al revés y ese bombón te hubiera dejado a tí. La verdad, era tremendamente guapa, simpática, una mujer de la que te puedes enamorar con facilidad...¡qué suerte que no haya sido así!, ¿verdad?.


Su respuesta era de esperar pero el tono de su voz fue diferente y pude advertir que aquella vez ya no me había creído mi historieta. El bueno de Charlie parecía haberme desenmascarado. "Bueno, Charlie, pónme un martini" -dije yo para desviar la conversación-. Esta vez Charlie me sirvió una copa pequeñísima donde una roca de hielo era rodeada por una ínfima laguna medio seca de martini.

- Pero...¿qué es esto Cahrlie?

- Ya sabes, amigo. Lo bueno, si breve...
y Frank Sinatra sonó a todo volumen

THE END

Publicado en Jazzmen (Cartonerita Niña Bonita. 2011)

Para ponerle banda sonora: "Summeritme" (Renee Olstead)