
Ayer febrero se convirtió gélido para los habitantes de Zaragoza que, como el apodo que los oscenses nos dedican, hundímos el cuello en nuestros abrigos para soportar las grandes bandadas de cierzo. Caminando al anochecer por un lugar cercano a La Plaza de los Sitios y al lugar "donde nos atrapa el mundo" ("El Atrapamundos". Bar.) me detuve ante un viejísimo farol que bailaba al ritmo del viento entre las ramas de un árbol desnudo de invierno.
"El viejo y destartalado farol
no tiene nada bello que ofrecer
Pero visto a través del ramaje
desnudo y triste de un árbol de invierno
me recuerda el tiempo que hace
que no te puedo ver
Al igual, un millón de amaneceres
recogidos en mil manojos
son la caricia que pude sentir
en lo más profundo de tus ojos
y lo que aquél otoño pude encontrar
al besar tus labios rojos
Pero el farol se apaga y la hoja cae
y vuela lejos, allá donde el mar
rompe las olas contra el olvido
espuma que se esfuma a tu costa
costa donde soy náufrago rendido
rendido a no olvidar nunca tu mirar
Farol, amanecer
Hoja, atardecer
y anochecer en la mar
¿quién no puede desear a tu lado estar?
Si el farol muere con el sol
y éste muere en el mar
donde amanece La Luna...
dime...
¿quién la podrá en tus ojos olvidar?."
La fotografía es cortesía de Amaya memoriasdeunafotografa.blogspot.com

