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jueves, 11 de febrero de 2010

El error que cometió la luna


Ayer febrero se convirtió gélido para los habitantes de Zaragoza que, como el apodo que los oscenses nos dedican, hundímos el cuello en nuestros abrigos para soportar las grandes bandadas de cierzo. Caminando al anochecer por un lugar cercano a La Plaza de los Sitios y al lugar "donde nos atrapa el mundo" ("El Atrapamundos". Bar.) me detuve ante un viejísimo farol que bailaba al ritmo del viento entre las ramas de un árbol desnudo de invierno.

"El viejo y destartalado farol
no tiene nada bello que ofrecer
Pero visto a través del ramaje
desnudo y triste de un árbol de invierno
me recuerda el tiempo que hace
que no te puedo ver

Al igual, un millón de amaneceres
recogidos en mil manojos
son la caricia que pude sentir
en lo más profundo de tus ojos
y lo que aquél otoño pude encontrar
al besar tus labios rojos

Pero el farol se apaga y la hoja cae
y vuela lejos, allá donde el mar
rompe las olas contra el olvido
espuma que se esfuma a tu costa
costa donde soy náufrago rendido
rendido a no olvidar nunca tu mirar

Farol, amanecer
Hoja, atardecer
y anochecer en la mar
¿quién no puede desear a tu lado estar?

Si el farol muere con el sol
y éste muere en el mar
donde amanece La Luna...
dime...
¿quién la podrá en tus ojos olvidar?."


La fotografía es cortesía de Amaya memoriasdeunafotografa.blogspot.com

lunes, 15 de junio de 2009

Buscando la primavera en verano.


La verdad es que cada vez se me hace más difícil encontrar la primavera y ahuyentar los sueños rotos. Los fines de semana siguen siendo malditos y las ilusiones te siguen haciendo vivir en un mundo irreal y frágil que se destroza con un soplo de viento en el espacio que deja su ausencia. Las ilusiones duran un segundo en el paisaje del desamor. Anduve por Zaragoza, deshaciéndome en el implacable verano, cuando vi al sol licuarse en el asfalto. Al igual, por dentro, el corazón sigue goteando hasta llegar la noche. Me quería morir. Pero mis pasos, ésta vez sabios, me llevaron a la Plaza de los Sitios. La noche es propicia para recordar y ésta plaza, en su visión nocturna, es mucho más bonita que bajo el sol. La primavera sigue siendo un sueño y yo he sentido, una vez más, que del invierno he llegado al verano de un salto.

"Romance de la Plaza de los Sitios"

"Estoy sólo y encerrado
borrado en aquélla plaza
en un círculo sitiado.
La noche ésta vez me caza:

"Tú siempre te la estás jugando,
caballero sin coraza"

Yo ya estoy difuminado
yo ya soy mi peor baza.
Hoy que al fin he madrugado
tu carroza es calabaza.

Se fue mi sueño dorado
como el golpe de una maza.
Será el ayer ahogado
borracho en una terraza...

Cuando todo ha terminado
una sombra se te abraza,
aureola de pasado,
farola que me amenaza"


Dedicado a la Plaza de los Sitios nocturna, a sus farolas encendidas y a la sombra que me acompaña.

martes, 26 de mayo de 2009

El Ebro y la noche (Relato. Diálogo- monólogo con el río)


"Estoy viendo al ancho río discurrir en calma, pausado y en silencio para no despertar a la noche. Es curioso cómo el viento me trae unas gotas de su agua directamente a los ojos. Es tan curioso que puede no ser verdad y que éstas gotas de sal tampoco sean del mar sino que, procedentes de mi interior, son recuerdos y añoranzas convertidos en lluvia.

La estoy buscando con mucho afán dejando a un lado las luces de la ciudad, pero ésta noche no hay luna. ¿Por qué se esconde siempre la luna cuando ella no está? o ¿por qué se oculta siempre que "mi" chica está triste?. Me falta ella y me faltan las estrellas porque al lado de ellas mi niña es la más bella.

Sentado en un banco mis ojos humedecidos se sumergen en el agua negra de un río nocturno. Pienso en cuántas vidas ha visto pasar el señor Ebro por delante de sus ojos de piedra romana y antigüa. Al ponérmelo a pensar casi me entran escalofríos por su antigüedad. Entonces, ¿qué le puede importar ahora un jóven envejecido perdido en ésta ciudad?. Me gustaría ser el río, tranquilo e impasible... siempre por el mismo camino, siempre sin descarrilar porque sabe dónde tiene que desembocar. En cambio, mi vida a temprana edad ya me ha descarrilado y descarriado varias veces, y ahora soy un tren de cercanías perdido en una vía sin estación de destino. Puedo ser un tren al trote loco de no saber adónde va o puedo ser un vagón pintado, destrozado y olvidado detrás de la estación de Canfranc. Hasta ahora nunca he encontrado estación donde reposar y, justo una vez que la encontré, me cambiaron de agujas sin avisar. Así que nunca llegué a desembocar.

Sigue el río caminando orgulloso de saberse el camino. Me mira con descaro, con esos ojos empedrados y me susurra que siga su navegar ya que él tiene un sitio al que llegar. Después el río se rió al explicarle que no sabía nadar. ¿Estará contento con su desembocadura?. ¿Estará el Ebro enamorado de Tortosa?. Yo no lo sé, pero ya lleva mucho tiempo así. En cambio yo, parezco condenado a estar perdido el resto de mi vida y... no es ser negativo sino tener memoria... no hablo yo, habla mi experiencia.
Después de todo soy un riachuelo sin importancia que nisiquiera merece desembocar, que escribe versos bajo una farola, que sabe dónde quiere acabar, que ya no da pie con bola y que no quiere continuar. ¿Qué harías tú, Iberus, si quisieras desembocar en un delta ocupado?, ¿qué harías tu, Ebro, si estuvieras toda tu vida sin ver el mar?.

El calor del día se torna en repentino frío de final de mayo al igual que, después de la pasión, se refrescan sus suaves mejillas. En fin, yo creo que ésto no ha sido más que un mal ensayo de un tren que no deja de descarrilar. Sé cuál es mi estación y conozco mi desembocadura, y la amo con locura... pero cada vez le veo peor solución.

Ésta ha sido mi noche y éste ha sido mi Ebro en el que no brilla la luna y los recuerdos yo ya no enhebro".


La fotografía recoge una panorámica del río Ebro en el que se funde un vagón abandonado y descarrilado (también descarriado) de la estación de Canfranc y una farola.