Es una noche cerrada. Jeff Warren sostiene en sus brazos al amor de su vida, Vicky; la agarra bruscamente del cabello y prueba de sus labios el sabor de la perdición. Vicky es una pasión desenfrenadamente carnal para Jeff, una mujer casada con un borracho llamado Carl que se convirtió en asesino, víctima de los celos. Vicky fue su cómplice y ahora una confesión escrita en un papel la mantiene atada a su marido, para siempre. Jeff sería capaz de cualquier cosa con tal de liberar a su amada. Finalmente Vicky se encarga de disponer una solución: si algo le ocurriera a su marido, los dos serían felices y libres. "¿Qué serías capaz de hacer por mí, Jeff?"
Con sombrero calado y chaqueta corta, Jeff se confunde en la noche, acechando en cada esquina a su víctima. A través de la estación, de los pasos a nivel y cruzando las vías, Jeff persigue con una llave inglesa en las manos al borracho Carl, un hombre acabado que arrastra la culpabilidad de un asesinato a sus espaldas. Carl cruza las vías. Jeff va tras él. En ese justo momento, un tren de mercancías cruza la escena mientras el espectador debe adivinar lo que está ocurriendo justo detrás, en el otro andén.
Esto no se limita a ser una obra cinematográfica más. Es una obra de arte que debiera estar en todos los museos internacionales del mundo. Se trata de otra obra maestra de ese maestro austriaco llamado Fritz Lang. Glenn Ford, Gloria Grahame y Broderick Crawford solo son trabajadores a las órdenes de un artista. Eso sí, los mejores trabajadores que Lang pudo encontrar.
En 1954 Fritz Lang dirigió Human desire, su segunda adaptación de Emil Zola (la primera fue "Scarlet Street") , con guión de Alfred Hayes. Jeff Warren (insuperable Glenn Ford) es un hombre que regresa de la guerra de Corea, a su antiguo oficio como conductor ferroviario. Jeff está contento pero necesita a alguien con quien olvidar los desastres de la guerra. Encuentra lo que busca en Vicky (Gloria Grahame, irresistible), la mujer de su compañero Carl (estupendo Broderick Crawford) . Carl ha perdido el empleo y obliga a su esposa Vicky a hablar con el jefe, Owens, para que lo readmitan. Para Vicky es un "trabajo fácil" convencer al gran hombre y que vuelvan a admitir a Carl. Cuando lo ha conseguido, sin embargo, Carl no está muy entusiasmado con los métodos persuasivos de su esposa y decide asesinar a Owens, motivado por los celos. Carl, tras el asesinato, chantajea a Vicky con un papel firmado por ella que la convierte en cómplice. A partir de entonces Jeff se debatirá entre el bien y el mal, entre el amor o la pasión, entre encubrir a un asesino y a su cómplice o luchar por esclarecer la verdad. Vicky, igual que el personaje de Barbara Stanwyck en Perdición, intentará persuadir a Jeff para que termine con la vida de Carl. Fritz Lang nos ofrece cine negro, sin ningún gángster de por medio porque, como diría un buen amigo, "el cine negro no necesita policías ni pistoleros, el cine negro es otra cosa". Me gustaría destacar los claroscuros en la fotografía de Burnett Guffey y la espléndida y jazzística banda sonora elegida por Lang. El final de esta película, con el plano de las vías del tren dirigiéndonos a cualquier parte, es uno de los más recordados de Fritz Lang. Ahora podremos ver la parte de la película a la que está referido el texto de apertura de esta reseña:
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viernes, 1 de abril de 2011
lunes, 22 de marzo de 2010
Gloria Grahame, un deseo muy humano...

"La conocí en el estrecho pasillo de un tren que aullaba en mitad de la noche. Un largo tren cuya banda sonora era únicamente el monótono traqueteo por interminables raíles que, sin embargo, me llevaban a un destino seguro. En mitad del pasillo me esperaba el otro camino tortuoso, el otro destino alternativo que no me deparaba ninguna seguridad pero... un destino demasiado tentador para evitar. Todo empezó por una tontería. Una brizna indiscreta de hollín que fue a parar a su ojo izquierdo, una curva de la vía tomada demasiado rápida y... la besé.
Al día siguiente el callejón sin salida en que me encontraba era más oscuro que la noche en que la conocí. Hoy, que he abandonado ya el callejón, me encuentro perdido, desorientado y lo peor es... que echo de menos volver al tren donde la conocí..."
"Tu huella, mi tren"
"Tu huella es demasiado profunda
me abrasará debajo de los huesos
hasta que el dolor con ella se funda
Los barrotes de esta cárcel, tan gruesos
me mantienen preso al anochecer
Son cenizas que quedan de tus besos
Cada vez que en tí vuelvo a creer
el fósforo de mi vida consumo
cuando al soñarte, te intento retener
Pero tu belleza es sólo humo
como el largo tren al amanecer
Aullido que veo desvanecer
cuando mi culpa, al fin, asumo."

"Lágrimas de ceniza"
"Tus ojos de humo al llorar
sus lágrimas de ceniza
son algo más que agua y tiza
Pues los puedo recordar
como una mancha cobriza
que acompañará mis pasos
Tus besos al amanecer
son los amargos retazos
de cielos que fueron rasos
donde hoy nubes quieren crecer"
Son dos poemas inspirados en "Human desires" de Fritz Lang, película protagonizada por Glenn Ford y Gloria Grahame. Ayer fue el día mundial de la poesía así que estos versos van dedicados a Gloria Grahame, mítica femme-fatale del noir clásico que formó parte de un buen ramillete de obras maestras.


Banda sonora (de esta entrada): Johnny Hartman & John Coltrane ("My one and only love")
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