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martes, 20 de diciembre de 2011

Un par de microrrelatos

Gaudí

Bajo el tranvía yacían las ropas harapientas de un mendigo y quebrado en el suelo, su cuerpo inerte. La muchedumbre que se acercó hasta el lugar del accidente emitió todo tipo de comentarios pero, lamentablemente, nadie advirtió que la catedral más hermosa de aquella ciudad quedaría para siempre incompleta.



Sucesos marítimos

El capitán del barco estaba muy contrariado. Ni se encontraban en el triángulo de las Bermudas, ni en esa zona del océano había acontecido nunca suceso extraño alguno, pero lo cierto era que una barrera invisible les impedía seguir avanzando. Afortunadamente, al niño que observaba la escena se le cayó la botella y el barquito, finalmente, quedó libre para seguir tranquilamente su travesía.



Este último micro ("Sucesos marítimos") lo escribí después de leer El planeta encerrado de Roberto Malo.

viernes, 18 de marzo de 2011

La ciudad de las estatuas de sal (Poema a Barcelona)

Las Ramblas, de noche


En la avenida de las casas antiguas,
de caprichosas formas
y de estatuas que respiran,
que ansían con vivir, tocar, amar…
hay una fachada
repleta de paraguas,
cuando aquí
hace siglos ya que no llueve.


Dicen que en esta ciudad
hay un mar que yo no he visto.
Quizá por ser de interior
no lo reconozco ni percibo su sabor.
También dicen que la luna
dibuja ríos sobre tu espalda
pero, repito,
que yo nunca he visto el mar.
Quizá por ser de interior
no me llama su aroma
y de él solo me quedan
rastrojos de gaviotas
esparcidas por el cielo.


Es como cuando no estás
y siempre adivino
la cercanía de un beso
por el aroma en tus labios.


En esta avenida
de un mundo raro,
de deformados cristales
y relojes doblegados
sin embargo, encuentro mi hora exacta,
el sincero reflejo de la realidad.


Y cuando todos los tejados
se alargan,
clavándose en tus ojos
y luego en los míos.
Cuando paseo sereno
por esta ciudad borracha,
móvil, danzante y temblorosa,
entonces me vuelvo una de esas estatuas
que nunca miraron atrás.
Me confundo entre ellas
y comienzo a respirar, inmóvil,
mis ansias de vivir,
de tocar, de amar.


Hasta que llega el día en que alguien nuevo
pasa por mi lado
y se detiene para poder contemplarme.
Es entonces cuando adivino,
al mirar atrás,
lo cerca que anduve del mar.