Mostrando entradas con la etiqueta Gran Vía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gran Vía. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de mayo de 2011

Gran Vía, antes del amanecer

Antigua fotografía de la Gran Vía zaragozana



Gran Vía, antes del amanecer

La pequeña culebra eléctrica
traspasa internitente el bulevar.
Son las seis y media de una madrugada
en la que no está bien visto dormir
mientras Gran Vía sigue desierta
y despierta
con sus ojos de luz bien abiertos,
siempre vigilantes.

Hoy parece como si no pudiera esconderme
de nadie,
que el refugio no existe
para el que quiera escapar
de los malos vientos
que nos arrastran.
Esta noche ha nacido un tranvía.
Todavía no conoce sus estaciones
pero estoy seguro de que viajaré en él
hasta el final del trayecto.

Siempre es más razonable
seguir escapando
mientras tu único deseo sea
mirar hacia atrás


Bueno, como hace muchos días ya que empezó de nuevo el tranvía en Zaragoza, hoy le haré un homenaje... a la vieja usanza:



Genuina Judy...

La canción que se incluye antes del poema es Smooching de Mark Knopfler, incluída en el álbum Screenplaying

domingo, 2 de enero de 2011

De vuelta a Zaragoza y bienvenida al 2011

Como indica el título de esta entrada, la primera del año nuevo 2011, ya estoy de vuelta por completo al mundo de los blogs y con las pilas bien cargaditas. Las vacaciones en Madrid fueron espléndidas y muy reparadoras. Podría decir muchas cosas de esa magnífica ciudad pero simplemente me dedicaré a aconsejarles que, algún año, pasen unas navidades por allí. Gracias a mis amigos Javier y a Juan, de Raíces de papel, pudimos conocer mucho mejor las calles de la parte antigua, la historia de los edificios y dar una vuelta muy interesante por el impresionante Madrid de los austrias. Además por la tarde tuve la oportunidad de conocer a Pilar y a Cruz del colectivo Tirarse al folio. La oferta cultural que ofreció estos días Madrid fue realmente apabullante. Nunca había visitado antes El Prado. Además de detenerme en la exposición temporal de Renoir
tuve la oportunidad de contemplar las mejores obras de Goya, Velázquez, Murillo, El Greco y una de mis eternas debilidades, "El jardín de las delicias" de El Bosco.
Por si esto fuera poco, que no lo es, visité al día siguiente el Museo Reina Sofía donde por primera vez pude contemplar obras cinematográficas expuestas en un museo, una idea que alabo y que espero que se ponga de moda en la mayoría de las galerías de arte. Allí se pueden ver "La concha y el reverendo" de Germaine Dulac, "Danza sinuosa", "Partida de cartas" y "Salida de la fábrica" de Lumiere y algunos cortos de Chaplin y Buster Keaton. Además, precediendo al Guernica de Picasso, hay una sala donde se proyecta "La edad de oro" de Buñuel después de un exhaustivo repaso por esa triada tan especial que formaron el cineasta aragonés junto a Federico García Lorca y Salvador Dalí.
Pero no acabó ahí la cosa pues al día siguiente, además de acudir a la Casa-Museo del Romanticismo, visité una exposición de entrada libre que la fundación Mapfre titula "Made in USA" y donde se puede tener el placer de admirar "Domingo" y "Llegando a una ciudad" de Edward Hopper que es el primer cuadro que encabeza este texto. También es destacable la obra "Poder" de Edward Bruce,
el "Blue Café" de Stuart Davis y la exposición fotográfica de John Gutmann. Por lo demás, paseos interminables donde siempre estaban presentes la calle Alcalá o Gran Vía, como una señal a la que volver, luces de neón parpadeantes, cafés, copas y recital poético incluido en "Los diablos azules" (El bar de la esposa de Sabina, Jimena) y algún escarceo siempre relajante por El Retiro. Es una pena que el Chicote ya no sea el mismo que visitaba Frank Sinatra pero aún nos queda "la generación del cubo de la basura", presidida por Hopper, para seguir confiando que esos tiempo, en algún sitio, resisten a los cambios. El siguiente poema está dedicado a Madrid, a las pinturas de Edward Hopper, Edward Bruce, Stuart Davis y la fotografía de John Gutmann. Aderezado todo por mi lectura de estos días, el más que recomendable libro de Benjamín Prado "Romper una canción", que te empapa como un poco de ginebra salpicando a un martini blanco.

Edward Hopper y Gran Vía

“Otra vez a perderme por Madrid
en Sol, otra vez, al mediodía
Me fugo por los rincones
si la luna me obedece
y me ayuda a hurgar en tu melodía

Quisiera ser el pintor del Blue Café
acompañarte, quizá, en tu travesía
Me deslizo en las alcantarillas
y me cuelo por las rendijas
en busca del tiempo que me debías

Quisiera ser el eterno aprendiz
en la escuela del cubo de la basura
Emborracharme en Hopper’s Bar
contemplar allí tu aurora
y escapar, por si aún me reconocías

Tal vez, aprender a dibujar
esta ciudad diluida en la madrugada
Intentar comprender
que por huir de la realidad
la gente aquí siempre viaja bajo tierra

Quiero ser Edward Hopper en Gran Vía
ese día en que se inventó la noche
en la que fui un tranvía
que al final te besaba
(al final de la avenida)
bajo las aves de neón
y los nocturnos avisos de alegría

Quiero ser él
y dibujarme en un bar
a las tres de la mañana
donde solo se pinte tu recuerdo
con el color del olvido
cuando al fin se haya roto nuestra canción.”


FELIZ AÑO 2011 A TODOS

PD: Es muy curioso pero, buceando en este blog, he encontrado que al darle la bienvenida el año pasado al 2010 también publiqué una entrada dedicada a Edward Hopper aqui.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Tranvía en mi Gran Vía y mi Gran Vía en Madrid


Hace unos pocos días reconozco que desacostumbradamente estaba sentado frente al televisor y Sinatra no estaba en la pantalla. En su lugar mis ojos eran testigos de un documental dedicado a la Gran vía de Madrid que cumplió, hace muy poquito, cien años. Un centenario que yo siento debo celebrar porque es una de mis avenidas favoritas. Sí, habrá mucha gente, muchos coches, y ruidos pero es lo más parecido a Nueva York que he encontrado cerca de mi casa. También, uno de mis bulevares predilectos, es la Gran vía de Zaragoza. Recordé esto y me lancé a la calle en busca de mi destino que, a buen seguro, reinaría en el fondo de una tacita de café. Desgraciadamente al llegar a la Gran Vía zaragozana recordé que mi bulevar preferido ha sido destrozado. ¿La razón?: las obras del tranvía. A mis dos gran Vías les he dedicado dos poemas:

"Centenario de la Gran Vía madrileña"

"Hoy me perderé en este bulevar
de películas y cines olvidados
hoy es un buen día para recordar

Muchos de los teatros hoy cerrados
guardan el eco de un ayer glorioso
pero hoy lloran neones apagados

Puedo ver entre el tráfico frondoso
la luz del Capitol, que es del pasado
Frente a mí surge un Café nebuloso

Cien años permaneces a mi lado
cien años en esta ciudad impía
Cien siglos me hubiera a mí costado
olvidar lo que soñé en Gran Vía."




"Diciembre en Gran Vía zaragozana"

"Perdido como un tranvía en Gran vía
nublado como el cielo del pecado
hoy se preguntaba si resistía
el desahuciado que duerme a mi lado

Ayer preguntabas por qué vivía
Era, mi amor, por dormir a tu lado
Ahora ya no sé si serviría
una vez ya por ti abandonado
pero juro que me la jugaría
con todo de nuevo a ti apostado
porque yo sólo por ti moriría
como tantas veces lo he demostrado

¡Que cierren los bares, que guarden mi madrugada!
que muero de frío por esperar tu llegada
¡Que se apague el neón de tu imagen soñada
que quiebre la luna el rincón de mi morada!."


Esta fue la Gra Vía del pasado, Gran Vía zaragozana que ya nunca estará a mi lado: